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¿A qué puede aspirar Rigo en el Giro 2014?

Foto: EFE

(Por Carlos A. Duarte)

Cuando aún no había entrado a la “nómina” de la ruta del escarabajo ya escribía sobre ciclismo en mi blog personal. Empecé en 2013 a raíz del sorprendente tercer lugar provisional de Rigoberto Urán en la general del pasado Giro de Italia; desde entonces, como los escarabajos, no he parado.

Mis primeras líneas exploraban las reales posibilidades de Rigo para esa clasificación general. Me planteé una pregunta similar a la que encabeza estas líneas (Leer el artículo). Todo lo que preví, felizmente sucedió: él fue subcampeón.  Hoy siento que no sé nada de ciclismo, no la tengo nada claro como el año pasado, y no me acompaña la confianza de saber que lo que aquí escriba pasará.

Sin duda, Rigoberto calló a más de uno, incluido a nosotros mismos: nos puso a escribir de él y no de Nairo. El año pasado decíamos que Nairo debía correr el Giro –mi primera entrada aquí fue sobre ese tema–, hemos analizado desde entonces sus etapas, antes y después del comienzo de la carrera, señalando dónde debe atacar, de qué riesgos se debe proteger, etc. Por el contrario de Rigo, vigente subcampeón, poco hemos dicho.

Lo de Rigoberto es pura maravilla: es el primer colombiano que lidera el Giro de Italia, a 31 años de nuestra primer participación, y el quinto que lidera una gran vuelta tras Lucho Herrera, (Vuelta a España ‘87), Omar “el zorro” Hernández y Martín Farfán (Vuelta a España ‘89), Santiago Botero (Vuelta a España ‘01) y Víctor Hugo Peña (Tour de Francia ‘03). Y hay que irse 15 años atrás para encontrar la última victoria colombiana en una CRI en el Giro, que está en los pies de éste santandereano.

Invocando a la diosa “fortuna” procedo a dar mi pronóstico:

En primer lugar, hay que tener en cuenta que, al contrario del año pasado, en esta ocasión Rigoberto sí cuenta con posibilidades ganar el Giro. En efecto, en 2013 se encontró con un Nibali exultante, intratable que no daba espacio por dónde quitarle tiempo. En este país de triunfalistas y fracasados, Rigo nos da la libertad para soñar. Él también lo hace. El estar en un equipo extranjero, con pocos que hablen su idioma, le sirve para estar lejos de las voces aduladoras. Debe pensar en el ahora y nada más.

Por su parecido facial se le compara a Mick Jagger, pero por su fortaleza mental que le ha permitido superar situaciones que a muchos de nosotros nos hubieran derrumbado, se me hace que Rigo es como un Rocky Balboa: tiene una capacidad única de aguantar golpes, y no físicos sino de la vida que son más duros: huérfano de padre a los 14 años, el hombre de la casa a los 15, en Europa a los 17, en el Pro Tour a los 19.

No creo que la Maglia Rosa lo turbe por fuera de sus necesarias proporciones. Contaba alguna vez Julio César Cadena que cuando Lucho Herrera se sintió más ganador de su Vuelta a España de 1987, esto es tras el retiro de Sean Kelly, dejó de ser en carretera el hombre tranquilo y taciturno que es para empezar a afanarse, vociferando órdenes para controlar a Perico Delgado, Fignon y Dietzen.

Varios medios españoles dicen que con las diferencias de la crono de Barolo, Rigoberto sentenció este Giro. Les creo. No me preocupa Cadel Evans: la década de diferencia en edad que hay con Rigo, día a día pesa más en contra del australiano. Se atragantará con la montaña que viene.

Rafał Majka tampoco es amenaza. Es más contrarrelojista que escalador, por lo que no tiene terreno de sus características para asaltar el liderato de Urán. Además, su juventud puede hacerle pasar un mal día. Ojalá aguante el podio. En conclusión Majka y Evans van a empezar a perder tiempo con Urán.

Los que sí pueden atacar a Rigoberto son Pozzovivo y Nairo. El pequeñín escalador italiano tiene dinamita en sus piernas y no hará más que explotarla cuando llegue la tercera semana. El boyacense afectado por la gripa y tocado por los antibióticos seguramente reza porque salga el sol y le dé un poco de ese calor que tanto bien le hace a los escarabajos desde tiempos inmemoriales y del que disfrutó en la Vuelta a España 2012 y el Tour del año pasado.

En marzo Nairo ya se había enfermado corriendo la Volta a Catalunya por unas visitas que hizo a algunas etapas del Giro de Italia. Tal vez esta experiencia le haga decidir  no volver a correr el Giro, y preferir las otras grandes que le presentan un clima más benigno.

Si las barreras idiomática y cultural no impide que Rigoberto transmita lo buena persona que es, sus gregarios se dejaran su vida por su liderato. Nairo ya lo logró: Castroviejo preparó el Giro en Tunja con su mujer incluida; Ventoso cuando cayó en la 7ª etapa hizo presagiar lo peor cuando no se levantaba, después dijo que el miedo a que hubiese tumbado a Quintana no le dejaba recomponerse; Maroli con el costado derecho de su cuerpo molido por una caída se reincorporó a comandar el lote en la etapa 11; y Amador se niega la opción de retiro por no dejar sólo a Nairo muy a pesar de los fuertes dolores de cuello.

En la CRI el Omega Pharma demostró tener un equipazo para ayudar a Rigoberto: De Gendt, Poels y sobre todo Brambilla tienen que arroparlo en la alta montaña. Rigoberto debe controlar lo más que pueda, pero una gran vuelta no se gana a la defensiva por lo que debe atacar en otra de montaña. La CRI del Monte Grappa es inquietante, pero recuerdo que en 2010, en su primer Giro, Rigoberto quedó 7° en la cronoescalada de Plan de Corones, incluso momentáneamente tuvo el mejor registro hasta que llegó Garzelli.

Se pueden contar con los dedos de una mano –y sobran– las ocasiones en las que nuestros escarabajos han lanzado un ataque para ganar una gran vuelta. Tengo en mente sólo dos: (i) los ataques de Herrera en Los Lagos de Covadonga y el día siguiente al retiro de Kelly cuando se llegó a Avila, para contener la arremetida de Fignon en la Vuelta a España de 1987, y (ii) el ataque de  Fabio Parra en Navacerrada en la edición de 1989 de la misma competencia.

Exceptuando a Lucho Herrera en la vuelta a España que ganó, ningún colombiano –y eso incluye a Nairo– ha tenido a distancia de tiro la general de una gran Vuelta. Y aunque Pacho Rodríguez estuvo muy cerca del liderato y del triunfo de la Vuelta a España de 1985, en esa edición todos los favoritos estaban tan iguales y justos de fuerzas –parecía más una pelea de niños a manotazos– que no habían ataques que se pudieran considerar serios y contundentes, hasta el que metió Perico Delgado con la ayuda de José Recio.

Rigo debe romper los moldes que hasta ahora ha utilizado. Haciendo lo mismo no se consigue lo que nunca se ha obtenido.