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¿Qué es “Correr a la Colombiana”?

VCol Final
(Por Gianni in Testa)

Buscándose la vida:

Definitivamente, la falta de un gran patrón en la carreras Colombianas, que como en Europa, realice un control tiránico y garantice un desempeño deportivo dentro de ciertos patrones (caso del Team Sky en los últimos Tour de Francia), es una causa importante para que en las carreras de nuestro país todo el mundo salga a “buscarse la vida” desde el kilómetro 0.

En Colombia se corre sin libreto. No hay un guión definido. Ese ciclismo preconcebido, con resultados predecibles dentro de cierta lógica, no existe. En las grandes vueltas vemos a menudo una fuga consentida en los primeros kilómetros, a veces de un solo corredor porque a nadie le interesa gastarse en vano a pesar de premios y estímulos para estimular fugas.  Eso no existe en Colombia. Aquí hay fuga, contra-fuga, y los primeros en intentar neutralizarla son los que no pudieron entrar, apostando su suerte conun intento unos kilómetros más adelante.

En Colombia, la disparidad de niveles entre equipos hace que muchos solo tengan alguna opción de salvar el día (o la carrera entera) si se fugan y exponen su patrocinador unos minutos o si ganan una meta volante. Es ese el corredor combativo que sabe que no va a ganar pero quiere vender caro su pellejo.  Aunque hay camaradería y compañerismo, no hay cabida para ese trato fraternal y condescendiente entre rivales que se ve en Europa o en carreras con un nivel no tan disparejo. A todos se les ve el cuchillo bajo la manta, y el lider debe cuidarse mucho más que lo que solemos ver por TV.  Por eso veíamos a favoritos al título de Vuelta a Colombia pelear fieramente la bonificación de una meta volante (Gato Cárdenas en 2012), o que el propio líder neutralice intentos de fuga tempranos y la definitiva se forme solo después de 100km (Mauricio Ortega 2016). Esto es algo extremadamente raro en Europa.

Ejemplos de acuerdos partisanos hay montones: como la alianza de Pajarito Buitrago para neutralizar a Cochise en la llegada a Bogotá en la Vuelta del 62, el ataque definitivo de Oliverio Rincón en el 89, o el trabajo de Alex Cano en detrimento de su propio líder en 2013.

Comentario en común de todos los ciclistas que corren las carreras Colombianas es el alto promedio de velocidad. No hay tiempos para la meditación y la duda. Se va a fondo siempre. En 2013, arrancaron 176 ciclistas la vuelta a Colombia y terminaron 117, eso es el 30 % de bajas debido a esos ataques cruzadso.

Complicados y elaborados planes estratégicos tampoco parecen tener cabida en las Vueltas Colombianas, predomina una cierta visión machista de las carreras, la táctica de Charles Bronson, llamémosla así: la de enfrentarse al rival, estilo duelo de pueblo del Far West gringo, para ver simplemente quién sucumbe, quién no puede cargarse al otro; esto es precisamente lo que hace interesante y (por decirlo de alguna manera) especial el ciclismo de Colombia: es una caja de sorpresas a pesar de las deficiencias organizativas y la falta de liderazgo federativo. Los actores de esta película de vaqueros malos malosos, hábiles en emboscadas, en asalto de diligencias y en duelos en cualquier calle del pueblo, son infinitamente superiores al director que la dirige.