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Cuando la camiseta de líder cambia el último día

Giro-de-Italia

Por @PaleoHidalgo

Las grandes vueltas, debido a su número de etapas, exigentes recorridos, duros puertos de montaña, largas contrarreloj y todo el azar que les envuelve, suelen definirse con varias jornadas de anticipación y por márgenes de tiempo amplio, especialmente cuando hay un corredor muy dominador.   El ejemplo extremo más reciente es el Giro de Italia 1990, en el que Gianni Bugno lució la maglia rosa en las 21 jornadas, de principio a fin.

Por contraste, ha habido algunas grandes vueltas en las que el campeón se define justamente en la última etapa:

Tour de 1947.

Fue el primer Tour disputado después de la segunda guerra mundial. A pesar de estar en un país devastado por la guerra y en medio de las dificultades, Jacques Goddet, director del diario L’equipe y organizador del Tour de Francia por esos años, logró sacar adelante la carrera. En ella, el francés Jean Robic se alzó con el triunfo final sin haber portado el maillot jaune ni un solo día. Al amanecer de la última etapa, Robic (tercero en la general hasta ese entonces) presentaba un retraso de 2’58” con respecto al italiano Pierre Brambilla, portador del maillot jaune. La jornada, que unió a Caen con París, se disputó en un trayecto de 257 kms, plano y poco propicio para los ataques. Sin embargo, a 130 kms de meta, Robic y  Edouard Fachleitner (que estaba a 6’26” en la general) atacaron en la Cote de Bonsecours, logrando distanciar a Brambilla. Se dice que en cierto momento de su escapada, Robic le dijo a Fachleitner “No puedes ganar el Tour porque no te dejaré escapar. Si corres para mí te daré 100 mil Francos”. Así, con la colaboración de éste y de Lucien Teisseire (quien corría para el mismo equipo de Fachleitner), Robic logró sacar el tiempo suficiente a Brambilla, arribando a París con 13 minutos y 5 segundos de ventaja sobre éste, suficientes para que el francés se coronara campeón del Tour (sin vestir por un solo día la camisa de líder) y Edouard Fachleitner fuera segundo. Pierre Brambilla tendría que conformarse con el tercer cajón del podio.

La épica gesta de Jean Robic se recuerda con una placa conmemorativa en el lugar donde lanzó su ataque: la Cote de Bonsecours.

Tour de 1968.

Tras haberse disputado 21 etapas, tres de ellas de doble el sector, los contendores a la victoria seguían en un palmo aquel domingo 21 de julio de 1968, último día del Tour. En una carrera que había visto seis cambios en el liderato, además del abandono de Raymond Poulidor, golpeado por una motocicleta, cuatro ciclistas se plantaron en la línea de salida de la última etapa separados por menos de un minuto: el belga Herman Van Springel, líder hasta ese momento, el español Gregorio San Miguel a 12 segundos, el holandés Jan Janssen a 16 segundos y el italiano Franco Bitossi a 58 segundos. Aquel último día correspondía a una otra jornada a doble sector, compuesta por una etapa plana y corta entre Auxerre y Melun (suburbio de París), seguida por una contrarreloj individual de 55.2 kms entre Melun y Paris, la cual decidiría el destino de aquella carrera. En la contrarreloj, tras un comienzo lento, en el que Van Springel le sacaba tiempo, Janssen empezó a recuperarse. Tanto así que a los 40 kms de la etapa el holandés ya le sacaba 25 segundos al ciclista belga. “Janssen Maillot Jaune, Janssen Maillot Jaune!” empezaron a gritar los espectadores a un Janssen que era muy apreciado por los franceses. Esos mismos gritos le darían ánimo al ciclista holandés para rematar en el velódromo La Cipale (actualmente velódromo Jacques Anquetil) y marcar el mejor registro en tiempo, 54 segundos más rápido que Van Springel, logrando victoria en la general del Tour de Francia por sólo 38 segundos. Sería la segunda y última ocasión que el Tour fuese ganado por un ciclista que jamás hubiese vestido el Maillot Jaune durante la carrera.

 

Vuelta 1970.

En una edición de La Vuelta algo descafeinada por la ausencia de varios de los grandes ciclistas del momento, el español Luis Ocaña se plantaba como principal favorito para llevarse la general aquel año. Debido a la escasez de montaña durante el recorrido, las brechas del tiempo entre los contendores habían sido pocas. Tanto así que para la contrarreloj del último día (que era la segunda parte de una etapa a doble sector) los primeros 18 clasificados de la general estaban separados por menos de 2 minutos. El líder era Agustín Tamames, pero tras él, a 9 segundos, se ubicaba Ocaña, a priori favorito por sus dotes en la crono. En un trayecto de 29 kms entre Llodio y Bilbao, Ocaña no tuvo mayores problemas en arrebatarle el liderato a Tamames y controlar a Van Springel, otro de los corredores que también tenía posibilidades de disputar la victoria, aventajándolos por 1’18” y 1’27”, respectivamente, en la general final. Esta sería la única victoria de Ocaña en la clasificación general de la Vuelta a España.

Vuelta 1975.

La etapa decisiva sería la contrarreloj final disputada alrededor del velódromo de Anoeta (San Sebastián), con llegada al interior de éste. Esta vez le tocó a Agustín Tamames el lado amable de la historia. Este ciclista, que compartía equipo con Ocaña, había remontado casi 4 minutos en la general con respecto al líder Domingo Perurena y llegó a la última jornada con 1’35” de desventaja frente a éste. En un día lluvioso, sobre 31.7 kms, Tamames se quedó con el tercer lugar en la crono y distanció a Perurena por 1’49”, coronándose así campeón de esa edición de La Vuelta por escasos 14 segundos y revirtiendo el desenlace que había sufrido 5 años atrás frente a Ocaña. Adicionalmente, Tamames sería el primer ciclista en ganar la Vuelta a España sin haber vestido un solo día de líder.

Aquí, una entrevista reportaje que le hicieron a Tamames 40 años después.

Vuelta 1976.  

Al igual que el año anterior, en 1976 La Vuelta tendría una definición dramática. Para el último día, enfrentando la etapa 19ª y 19b (de nuevo, etapa doble sector, comunes en la década de los 60 y 70), el holandés Hennie Kuiper (vigente campeón del mundo en ruta) aventajaba por dos segundos a los españoles Luis Ocaña y José Pesarrodona. Kuiper, en su afán de distanciar a sus rivales, decidió entrar en un sprint para alcanzar una bonificación en el primer sector del día, con tan mala suerte que se vio envuelto en una caída y sufrió varios golpes. De esta manera, el holandés afrontaría la crono final de 31.7 kms (el mismo trazado del año anterior) con el cuerpo maltrecho.  A pesar de que Ocaña era el gran favorito para llevarse el triunfo final, teniendo en cuenta sus antecedentes en la crono, sería Pesarrodona quien daría el golpe sorpresivo quedando segundo en la etapa (a 1 segundo del ganador, el francés Thurau),  siendo 1’02” más rápido que Ocaña y 2’01” más rápido que Kuiper; el holandés sería desplazado hasta el sexto lugar de la general.  En esta Vuelta se repitió  la particularidad de la edición anterior de que el vencedor no  portó un solo día la camiseta de líder

Pesarrodona celebrando su triunfo, dando la vuelta de honor en el velódromo de Anoeta

Giro de 1976.

Domingo 13 de junio de 1976. En la localidad italiana de Arcore, aledaña a Milán, se lleva a cabo una contrarreloj individual sobre 28 kms (que era la primera parte de una jornada con doble sector). Los protagonistas, Felice Gimondi, de Italia y Johan de Muynck, belga, se citan en las cercanías en la fábrica Molteni (marca que patrocinó por muchos años a Eddy Merckx) para disputarse el cetro del Giro, separados por escasos 25 segundos, a favor de De Muynck. En el primer tramo de la crono, el cual consistía de un suave ascenso, Gimondi sólo descuenta 10 segundos al belga. Pero en la segunda mitad del recorrido, el italiano aprovecha sus dotes de buen rodador tanto en el descenso como en el llano y, alentado por los tifosi locales, le saca otros 34 segundos a su rival, para vestirse con la maglia rosa por 19 segundos de ventaja. El segundo sector del día consistiría en el paseo sobre las calles de Milán, el cual no alteraría los resultados. Felice Gimondi, conocido como El Fenix, se llevó su tercer Giro de Italia a los 34 años de edad. De los casos descritos aquí, este es el único en el que técnicamente no hubo un cambio de líder en la última etapa aunque sí en el último día.

Giro de 1984:

Tenemos en la memoria los 8 segundos por los cuales Fignon perdió el Tour del 89 ante Lemond, derrotado en una crono el último día. Pero, cinco años antes, el francés ya había vivido una situación similar de la cual tampoco salió airoso. Laurent Fignon se plantó en la decisiva etapa 22, una CRI de 42 kilómetros, con 1 minuto y 21 segundos de ventaja sobre el italiano Francesco Moser. Aquella había sido una edición llena de bastante polémica por las supuestas ayudas que los oficiales de carrera habían birndado al ciclista local. En esa última etapa pronto se hizo evidente que la organización no dejaría ganar al ciclista francés. Los helicópteros de la transmisión de televisión volaron muy bajo y al frente de Fignon en varios tramos de la contrarreloj, influyendo en su rendimiento; finalmente, terminaría perdiendo 2 minutos y 24 segundos frente a Moser. En posteriores entrevistas el ciclista italiano diría que fue el aliento de la muchedumbre lo que lo animó para rendir a la perfección aquel día. Además, Moser comentaría sobre Fignon lo siguiente: “Pobre Fignon, perdió dos Grand Tours en el último día y en contrarrelojs. Si cualquiera de esas dos carreras hubiese finalizado con un ascenso, habría sido una historia muy distinta”. De seguro Fignon opinaba diferente.

Tour de 1989.

De todos los casos expuestos aquí, éste es claramente el más famoso y memorable. En un Tour en el que los principales favoritos a la victoria eran el francés Laurent Fignon, por un lado, y el español Pedro Delgado, por el otro, el estadounidense Greg Lemond se plantó en línea de salida como una incertidumbre. Mientras Fignon, doble campeón del Tour (1983 y 1984), llegaba en una gran forma y con un equipo fuerte a su alrededor (Super U), Greg Lemond se encontraba en su año de retorno, tras recuperarse del accidente de los perdigones que casi le había costado la vida dos años antes. Pero la esperada desigualdad de fuerzas se tornaría en una interminable lucha diaria que iría carcomiendo la confianza de Fignon. A pesar de haberle arrebatado a Lemond dos veces el maillot Jaune en carrera, “El profesor” (como también era conocido) estaba agotado física y mentalmente para los últimos días de competencia. Además, había desarrollado una llaga por el sillín que no lo dejó dormir bien el día anterior a la crono de 24.5 kms entre Versalles y los Campos Elíseos, la contrarreloj que definiría el Tour. Tenía que defender 50 segundos frente a Lemond. Y falló en el intento. Lemond le descontó más de 2 segundos por kilómetro, en parte sacando ventaja del manillar de triatlón, el cual le permitía tener un punto adicional de apoyo y una posición más aerodinámica. Al finalizar la etapa, un Fignon jadeante y tirado en el piso interpeló a quienes le rodeaban, silenciosos, por el tiempo… 8 segundos. Habían sido 8 segundos por los cuales Laurent Fignon se haría tristemente célebre y que se convertirían en una pesadilla. Se dice que cuando alguien le preguntaba a  Fignon ¿no eres el tipo que perdió el Tour por 8 segundos? Éste contestaba No Monsieur, soy el hombre que lo ganó dos veces.

Laurent Fignon abatido e inconsolable, tras conocer su derrota.

Vuelta 2001.

Tras haber llevado la camiseta de líder por 12 jornadas consecutivas, el español Oscar Sevilla (Kelme) llegó a la etapa final con una ventaja de 25 segundos sobre su compatriota Ángel Casero (Festina). En una edición que ya había tenido tres tramos contrarreloj (incluyendo un prólogo y una cronoescalada), sería precisamente esta especialidad la que definiría al vencedor de la general; la etapa del último día tenía un trayecto de 38 kms por las calles de Madrid, el cual partía de la plaza de Cibeles y llegaba a la Puerta de Alcalá. Casero, quien tenía buenos antecedentes en la crono, logró superar a Sevilla por 1’12” para asaltar de manera definitiva el primer cajón del podio, en un día en el cual el colombiano Santiago Botero conquistó el triunfo de etapa.  Se dice que en el transcurso de la carrera, el doctor Eufemiano Puentes (famoso por la Operación Puerto y médico en ese entonces del Kelme de Oscar Sevilla) dejó un mensaje en el contestador de Casero en el cual le pedía que estuviese tranquilo pues en caso de que necesidad en la contrarreloj final en Madrid, este último dispondría de lo que tú ya sabes. En este punto, sólo podemos especular… El caso es que Casero logró el triunfo sin haber vestido de líder un solo día.

Vuelta 2002.

Al igual que la carrera del 2001, esta Vuelta se decidiría en una contrarreloj final sobre las calles de Madrid, esta vez sobre 41 kms. En ella, el español Aitor González aprovechó de manera magistral su habilidad en la crono y derrotó a su coterráneo Roberto Héras, recuperando los 1’08” que perdía con éste y endosándole 2’14” adicionales, para asegurar su triunfo.  González, que corría para el Kelme, había limitado sus pérdidas en las etapas de montaña y sacó ventaja de las dos cronos de las que dispuso el recorrido de aquella edición. Aitor González fue el último ciclista en ganar una Gran Vuelta sin haber vestido por un solo día la camiseta de líder.

La contrarreloj final de La Vuelta del 2002 tuvo una llegada inédita al interior del estadio Santiago Bernabeu

Giro de 2012. Este reciente caso lo vivieron el canadiense Ryder Hesjedal y el español Joaquím Purito Rodríguez. En una edición bastante insípida en cuanto a emociones y sin la presencia de varios de los vueltómanos del momento, los dos ciclistas mencionados sorprendieron como outsiders y llegaron a la jornada final en Milán como los hombres que se disputarían la victoria. Purito, quien había ganado dos etapas durante la carrera, partía con una ventaja de 31 segundos frente a Hesjedal. Dicho margen finalmente le sería insuficiente para defender la maglia rosa dadas las limitaciones del español en tramos contra el reloj. En un trayecto urbano de 28.2 kms (al que le habían recortado 1.8 kms por problemas de pavimentación), Hesjedal aventajó por 47 segundos a Purito Rodríguez, margen suficiente para que se coronara campeón del Giro por tan sólo 16 segundos. Así, Ryder Hesjedal se convertiría en el primer ciclista canadiense en ganar un Grand Tour y el segundo no-europeo en alzarse con el Giro, tras Andy Hampsten en 1988.

Giro 2017

Un nuevo capítulo en esta serie se ha escrito este año con la Corsa rosa.  El inicio en Cerdeña mostraba un recorrido con la alta montaña concentrada en la tercera semana, con dos contrarreloj largas, una de ellas el último día.  Los favoritos eran dos ex-vencedores de la prueba, Nairo Quintana y Vicenzo Níbali, Mikel Landa, quien había sido podio en 2015, y Tom Doumulin, quien mostraba una buena evolución como vueltómano pese a su fisonomía de rodador que le ha permitido ser uno de los mejores contrarrelojeros del pelotón actual (Medalla de bronce en campeonato mundial 2014).

Desde el comienzo de la prueba, se percibía una batalla en la que Dumoulin arrasaría en la contrarreloj y los escaladores le descontarían en la montaña, pero para sorpresa de muchos, Holandés resistió muy bien esos ataques, limitando sus pérdidas.  A la última etapa, Contrarreloj en Milán, la maglia rosa estaba en poder del colombiano Nairo Quintana y partía con una pequeña ventaja de 39s con Vicenzo Nibali, 43s con Thibaut Pinot, y 53s con Tom Dumoulin, quien al final sería el mejor de los cuatro, tanto en la etapa como en la Clasificación General.

Podio Final del Giro de Italia 2017. En la etapa anterior, Dumoulin era cuarto