Blog de ciclismo colombiano | La Ruta del Escarabajo
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El ciclismo sucumbe bajo la posmodernidad

Duelo de Titanes en Alpe d'Huez
Tour de Francia 1986

(Por Gianni in Testa)

Siempre he dicho que los ciclistas no son seres humanos normales, no son gente del montón. Vienen de fábrica con un equipaje fisiológico de primera. Pero todas esas admirables cualidades físicas con que los premia la naturaleza no son suficientes para poder desempeñar con éxito una profesión tan difícil. Ellos vienen adornados de todo un conjunto de sentimientos y actitudes: son generosos, sacrificados, luchadores, tenaces, valientes, arrojados, temerarios y muchas otras virtudes, con las que hemos conquistado nuestro universo conocido.

El ciclismo se escribió en sus primeras épocas por las mismas generaciones de seres humanos que escalaron el Everest, los que caminaron miles de kilómetros por tierras congeladas para llegar al Polo sur o que atravesaron las selvas de África para descubrir dónde nacía el rio Nilo.  El ciclismo se comenzó a escribir con el mismo valor, la curiosidad, el coraje y el maravilloso espíritu de sacrificio que nos llevó a pisar la Luna.

Esas generaciones de la primera mitad del siglo XX, cuando el ciclismo logró hacerse un espacio en la cultura humana y comenzó a escribir su historia y su fama de deporte rudo y sacrificado, crecieron en un mundo lleno de privaciones y la más de las veces mutilado y devastado por las guerras y todas las lamentables consecuencias que ellas conllevan. Eran generaciones rudas, acostumbradas a sufrir, a luchar titánicamente para sobrevivir, a subsistir con lo mínimo o incluso menos.

Las generaciones actuales de seres humanos y por ende de ciclistas, son muy diferentes a aquellos quijotes en blanco y negro. Pertenecen a la generación y la cultura de la comodidad, la generación humana con más altos estándares de vida y de satisfacción de las necesidades básicas, en 2.5 millones años que llevamos sobre la tierra. 

Hoy en día, nuestra raza humana lo tiene todo a la mano, ese sentido de sacrificio en pos de las metas ya no existe. Estamos en los tiempos en los que se aplaude y se celebra todo lo que no cuesta, lo que no duele , el camino fácil, el abandono de la lucha por lo trascendente (ser delgado y atractivo sin hacer ejercicio, aprender sobre un libro sin leerlo e infinitos ejemplos más). Mis compañeros de posgrado, muchachos con 20 años menos que yo, ya no anotan en un cuaderno, ahora le toman fotos al tablero y listo.

Toda mi reflexión cultural busca encontrar una explicación lógica al ciclismo que hoy vemos. Un ciclismo demasiado previsible y calculado. En una palabra aburridor (mejor dicho: malo). Unos deportistas que consideran absolutamente imposible correr con lluvia, que no imaginan el ciclismo sin pinganillos, capaces de matar de aburrimiento al hincha más fiel ante la falta de actitud y de combatividad, que acaban sin remordimiento con la historia y tradición de las carreras históricas, que van en contravía de la historia misma de un deporte que se creó para para que los seres humanos sacáramos afuera nuestros mejores sentimientos, nuestras más altas cualidades y valores.

Esos valores que le permitieron a un demente como Johan van der Velde escalar la Cima del Gavia en el giro 88 sin mangas , sin guantes y sin chaqueta, por una carretera sin pavimento y en medio de una nevada apocalíptica….bajar a Erik Breukink en la misma etapa semicongelado a 70 por hora hacia la meta frenando quien sabe cómo (a propósito de las lamentables declaraciones del ciclista Ben Swift esta semana, después de la etapa de Bari) o tantos y tantos momentos memorables con los que se ha construido la historia de este deporte. 

Parece claro que las generaciones de hoy (porque hace 15 años se podía) no pueden disputar una carrera lloviendo o encarar tres premios de montaña seguidos sin especular y sin tratar de pedalear lo mínimo posible, para dejar, con cualquier excusa, las emociones de 4 ó 5 horas de televisión fofa y aburrida para el sprint final de 300 m, como vimos hace poco a Dani Moreno en la etapa del giro. Los muchachos de ahora con Feisbú, Youtube, tuiter, instagram, ASK, Smart phones y atosigados por una cultura social adversa al sacrificio de la comodidad no pueden hacerlo. No les pasa por la cabeza. 

Sin embargo hay que reflexionar -debemos reflexionar todos- que si los actores no hacen algo por el espectáculo (tan seriamente golpeado por tantos escándalos penosos que han minado su credibilidad), si se siguen parando a 90 Km de meta en una carretera perfectamente plana y recta porque llueve, si se ponen de acuerdo para alterar falsamente el desarrollo de las carreras e ir en el trenecito chú-chú hasta faltando 300 m para la meta, si siguen dando muestras de tan falso deportivismo para excusar esa falta de actitud , el deporte del que comen, viven y gracias al que muchos de ellos se ganan sueldos de 7 dígitos en euros, va a morir. Quién va a querer pasarse 4 horas (en promedio) viendo un espectáculo resultadista y tacaño, consistente en especular todo lo imaginable de la manera más previsible y ojalá en un ambiente amigable y distendido dónde todos se ayudan, se aman y se tienden la mano? Nadie va a volver a quedarse un día en la casa esperando por ver una cosa que resulta tan decepcionante, los patrocinadores se irán, las cadenas de televisión invertirán su tiempo en algo mejor y el ciclismo, un deporte con todos los condimentos dramáticos, jamás escalará los televisores del mundo. 

Esta temporada de clásicas ha sido muy mala, el último reducto de un ciclismo mínimamente combativo y espectacular finalmente sucumbió al posmodernismo y ahora corremos el riesgo de ver las GV solamente con sol, calor y bajo condiciones estándar de referencia, es decir altitud, humedad, presión atmosférica y temperatura controlada. Si no, no se podrá. La primera semana de carrera de este giro 2014 ha sido tremendamente criticable en muchos aspectos y viene siendo el penoso colofón de toda esta actitud cultural generalizada no solo en los ciclistas, si no, muy tristemente en muchos aficionados que los justifican.