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El final sorprendente del camino a Rio para la Ruta Femenina

Rio2016

Por: Natalia Santamaría

@nsantam

 

En enero de este año hablé de los criterios de clasificación para la ruta olímpica femenina, de cómo iban las nuestras (en ese entonces a mitad de camino), y de lo que se necesitaba para ganarse el cupo a Rio2016 (artículo completo)

Pues bien, llegó el 31 de mayo se cerraron las puntuaciones, salió el comunicado oficial de la UCI con el listado de países clasificados -y en contra de todo pronóstico- Colombia aparece en esa lista con un cupo.

Me perdonarán el tono derrotista, pero después de entender que la Federación Colombiana de Ciclismo (Fedeciclismo de aquí en adelante) había decidido jugársela toda por el cupo que daban los Campeonatos Panamericanos en Táchira, a mí me quedó la duda ¿era la clasificación a la ruta olímpica para las mujeres un objetivo de verdad o solo por aparentar? Las razones que tengo son el ejemplo de las federaciones de ciclismo de Chile, Costa Rica, Cuba, México y Venezuela que hicieron una de dos (o las dos): organizaron carreras UCI para que sus ciclistas pudieran sumar puntos y/o enviaron selecciones nacionales a carreras UCI en la región (aquí estoy hablando de las carreras en Argentina, Costa Rica, México y Venezuela). Entonces, contrario a lo que pueden estar pensando y diciendo varios, ese cupo no fue el resultado de la gestión de la Fedeciclismo, si no un “arepazo” gracias a que las otras federaciones de ciclismo en nuestra región se pusieron las pilas.

El anuncio triunfal de la Fedeciclismo me deja un sabor a aplauso y sonrisa, mientras entre dientes sale un ¿y ahora qué hacemos con este chicharrón?

Colombia tiene cupo a Rio2016 por, como diríamos, esas vainas del destino.  Uno puede hacer el ejercicio con el ranking Rio publicado por la UCI (aquí se va a “Women Elite” y luego a “UCI Olympic Qualification Ranking”) y la norma de la que hablamos en enero.  A riesgo de rayar el disco, les recuerdo que para que un país tenga cupo es necesario que se cumpla uno de estos tres criterios: (1) estar en el top 22 de naciones en el ranking Rio, (2) tener una ciclista en el top 100 individual y (3) ganar el ranking por nación en los campeonatos continentales, en nuestro caso los Campeonatos Panamericanos de Táchira.

Con la norma UCI en la mano, nuestro cupo salió – con todo el respeto- de un raspado de olla milagroso. La norma establece el proceso de clasificación para asignar los 67 puestos y no hay ni una línea que hable de invitaciones en la asignación inicial.

Haciendo el ejercicio hay dos países que no deberían estar al mismo tiempo en esa lista: Colombia y Venezuela. No están en el top 22 por naciones y no tienen ciclista en el top 100 individual, luego la única opción es la clasificación a través de Panamericanos y de allí sólo sale un cupo, no dos. Aquí la ambigüedad en la norma UCI viene al rescate. El reglamento no establece claramente si el ranking de naciones en los continentales se determina sumando los puntos de las ciclistas (sumaban las primeras doce corredoras en cruzar la línea de meta) o de acuerdo a las posiciones en la clasificación final. Si el ranking por nación es determinado usando la primera opción el cupo es para Colombia, usando la segunda para Venezuela (los 28 puntos que sumaron Laura Lozano y Ana Sanabria como sexta y séptima respectivamente sobrepasaron los 24 puntos de la cuarta posición de Venezuela). Para completar el dolor de cabeza, en los continentales de Africa y Asia las dos opciones llegan a la misma conclusión (NAM y KOR respectivamente), de manera que no hay forma de saber cuál es la interpretación que da la UCI (y en lo que publicaron ellos tampoco dicen cómo fue que cada país logró la clasificación).

Conclusión: las estrellas, los planetas, la luna y el sol se alinearon y una interpretación salomónica de la norma resultó en un cupo para Colombia.  Celebremos que después de veinte años se nos hizo el milagro.

Ahora, como solo hay 67 puestos disponibles, esa asignación a dedo tiene que salir de algún lado y en este caso de los cupos de Francia, que debía tener 3 pero en la asignación oficial aparece con 2. Esa deducción se hizo como si Colombia o Venezuela tuviera una ciclista en el top 100 individual, y de acuerdo al ranking publicado por la UCI ese no es el caso. Veremos si en Francia alguien hace la tarea y le pregunta a la UCI por qué perdieron un cupo ya que las cuentas no cuadran y reitero, en esta asignación inicial no debería haber invitaciones. Esas vienen si hay cupos libres después de que cada país confirme si va a usar o no lo que le asignaron.

Esta historia es la radiografía de la gestión de la Federación Colombiana de Ciclismo, no los cupos para la ruta olímpica masculina, ni el éxito de los ciclistas colombianos por fuera del país. En ese caso son los equipos donde corren Colombianos, y por supuesto los ciclistas, los que les están haciendo la tarea. Ya que muy pocas de nuestras ciclistas corren por fuera, la clasificación a Rio2016 para las mujeres sí dependía 100% de la estrategia y planeación de la Fedeciclismo, aquí era clave llevar selección nacional femenina a las carreras UCI que se corrieron en la región antes de los Panamericanos, eso no pasó y vean el resultado. La materialización de un “chiripazo”. Si ya sé, que si me parece muy fácil, que me consiga la plata. Yo pregunto ¿No es acaso esa una de las razones de ser de las federaciones de ciclismo? Parafraseando a cierto comentarista deportivo ¿Para qué los trajeron? Si no es para eso, entonces yo no entiendo para qué.

Ahora a prender la veladora para que no nos vayan hacer conejo con ese cupo, y efectivamente veinte años después haya una Colombiana en la línea de salida el 7 de agosto en el Parque do Flamengo.