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El país del perdón eterno

María-Luisa-Calle

Por: Eddy Jácome

@eddyjacome

María Luisa Calle responde la última pregunta, fue una conferencia de prensa que propuso luego de acatar una sanción de 4 años impuesta por la UCI tras su positivo por GHRP-2 en los Juegos Panamericanos de Toronto el año anterior. Aparte de aceptar su error, anuncia su decisión de liderar una campaña de lucha contra el dopaje en el ciclismo colombiano dictando conferencias sobre las tentaciones, sobre el éxito y las presiones que este conlleva. Además se compromete a comparecer ante las autoridades pertinentes para delatar a las personas involucradas en su caso con el fin de escalar la sanción hacia aquellos agentes contaminantes que trabajan con total tranquilidad a pesar de ser los principales motivadores del dopaje.

Pues bueno, esta versión de la historia podría tener lugar en cualquier país menos en el nuestro. En Colombia ocurrió que la deportista no aceptó, sino que acusó una falta de recursos para la defensa y prefirió acatar la sanción. Acto seguido la gran mayoría de medios y aficionados, como ella habrá previsto, se volcó hacia a la corredora con elogios de todos los calibres. En una semana del tema no se hablará y todo seguirá igual, como si nada pasara, en zona de confort. M. L. Calle dejó un legado para la eternidad: un ciclista podrá dar positivo por la sustancia que sea (Epo, Epo Cera, Transfusiones, etc) o método prohibido (motores) y con una buena justificación, a pesar de recibir sanción, será popularmente declarado inocente. De ahora en más, en la tierra de los escarabajos solo será culpable aquel deportista que de manera descabellada luego de dar positivo y recibir sanción, decida aceptar públicamente su error. Consciente del futuro prometedor que le espera luego de cumplir su inhabilidad es poco probable que alguno opte por este camino.

Hay tanta amabilidad, tanto perdón, que se le dio la bienvenida a Oscar Sevilla,  a quien a pesar de no ser sancionado por la contundente justicia española – suenan risas grabadas – tuvo tantas pruebas en su contra en la Operación Puerto que el gran ciclismo europeo decidió expulsarlo y acá se le otorgó el estatus distorsionado de “modelo a seguir”. Claro está, antes de recibir este prestigioso rol tuvo que cumplir una sanción por dopaje en la Vuelta a Colombia 2010, luego de eso todos aprendieron la lección y el ídolo de las masas no ha tenido, ni tendrá otro problema de este tipo a menos que el juez encargado de la OP piense diferente, algo bastante improbable tratándose de España.

Este par de casos tan solo son los más representativos. Acá hay segundas y terceras oportunidades – habrían cuartas de no ser porque la ley y el sentido común lo prohíben- para quienes tienen líos con aquello de tomar el camino corto. No en vano tenemos un promedio de edad entre los mejores ciclistas locales diferente al resto del mundo, la madurez ciclista en Colombia está entre los 35 y 40 años, sobre todo si ya está en su segunda oportunidad. Lo único seguro que tiene un ciclista en estas ltitudes cuando da positivo es su puesto en un equipo una vez terminada su sanción cortesía de la presencia perpetuada de los promotores del dopaje en los equipos de marca. Los mismos con las mismas.

El pensamiento del ciclismo colombiano frente a la problemática es claro, al menos para la gran mayoría: la prioridad es el factor humano, la persona y cuán entregado al ciclismo esté, ya luego el tema de las trampas y demás mejor que pasen rápido, a cualquiera le puede suceder. Una mezcla perfecta de omertà e hipocresía, mucha hipocresía. ¿Dónde estarán los medios que se desbordan en elogios hacia Sevilla, Calle o Ivan Parra cuando en la primer hora de carrera de un circuito en Anapoima o Cómbita (por dar un ejemplo) eliminan sin compasión a un puñado de jóvenes sub-23 por estar por fuera del límite de tiempo? Ese límite está dado por el primer corredor en meta, el cual en muchas ocasiones es un buena gente, disciplinado, consagrado y dopado ciclista que rinde igual de Enero a Diciembre.

¿Hará presencia ésta inagotable bondad colombiana cuando el muchacho que había dedicado meses de entrenamiento, sacrificios, dinero e ilusiones llega a su casa destruido, sintiendo el castigo del fracaso y sin tener ni idea de que la diferencia entre estar fuera del límite o terminar la carrera estuvo un tratamiento con Epo o con GHRP-2? No, no habrá periodista o aficionado diciéndole que “para nosotros serás un campeón siempre” aunque ese mismo decida retirado convencido de que no sirve para eso. La decisión de ser un ciclista limpio en Colombia se toma con el altísimo riesgo de que nadie defienda su elección. El mensaje que se le envía a los jóvenes ni siquiera es subliminal, en esta caso va sin arandelas: solo importa ganar, como sea, luego de llegar a la cima no cuenta nada más y una sanción simplemente será un anécdota de la que nadie hablará porque después todo sigue su curso, incluyendo el dinero y la fama adquirida.

El tema no va de señalar a diestra y siniestra. En realidad el ciclista es el último culpable de toda esta cultura, ellos simplemente entran en un sistema que está sostenido por dirigentes, manejadores de equipos, prensa y afición. Hace falta hablar del tema sin tapujos, con claridad, integrarlo como un tema común en el ciclismo y empezar a invertir tiempo, dinero y esfuerzos para hallar una solución o al menos mejorar la situación actual. El día en el que todos entiendan que como en la vida, las buenas personas pueden equivocarse y pagar el verdadero precio de sus errores sin dejar de ser lo que son, pues ese día en el ciclismo local el horizonte promisorio dejar de estar en poder de los tramposos y pasará a manos de los honestos.