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El pavé, parte importante de la Historia del Tour

Boom, Nibali y Fulgsang en cabeza en la etapa del pavé

(por Asier Bilbao y Gustavo Duncan)

Cansados de las críticas a la disputa de la 5ª etapa del Tour del pasado miércoles (la de los tramos de pavé) a cargo de los comentaristas de las retransmisiones ciclistas del Tour de Francia en Señal Colombia nos permitimos dirigirles estas palabras.

Todo se puede criticar. Sobre todo si a uno le parece que está mal hecho. El problema que tenemos con los periodistas de ciclismo en Colombia es la poca cultura ciclista de la mayoría de los espectadores, que escuchan a estos comentaristas como si fueran una especie de animadores, sin hacerles mayor caso en lo que dicen. Y es por culpa de estos mediocres comentaristas, que realmente hacen muy mal su trabajo, que no es posible cultivar una verdadera cultura ciclista en nuestro país.

Reconocemos que, aunque demasiadas veces no se enteren de nada y se inventen lo que ocurre en carrera y en la pantalla de TV, los comentaristas de ciclismo colombianos son de lo mejor poniéndole emoción a las carreras. No hay sino ver y escuchar de nuevo el video del último kilómetro de la victoria de Nairo en Semnoz el año pasado. Difícil no emocionarse ante narración tan sentida.

Pero para definir a la mayoría de estos periodistas deportivos a la hora de comentar ciclismo no sabríamos decir qué palabras serían las más adecuadas: folclóricos, lamentables, patéticamente malos… Pasemos por alto que a veces parezcan unos aficionados más, comentando las carreras como si estuvieran entre amigos, que a toda hora se la pasen recordando las gestas de las viejas glorias del ciclismo colombiano, que se confundan con los nombres de los equipos, que no reconozcan a los corredores, que digan barbaridades como “el austriaco Gerran Simón”, que sigan llamando “Maikol” (como si fueran gringos) a Mikel Nieve y Michele Scarponi, que a Kwiatkowski lo nombren como “Kakoski” o de mil maneras más, o que suelten el ya mítico e hilarante “Vangarderarden” cuando hablan de Tejay Van Garderen.

O sus declaraciones afirmando que muchos corredores se dopan (utilizando el verbo en presente) para poder soportar la dureza del ciclismo en ruta; lapsus que tienen de vez en cuando, quizás porque son conscientes de la realidad interna del ciclismo nacional. Porque claro, el dopaje solo existe en el exigente ciclismo. Y solo para aguantar las etapas que les imponen los “sádicos” diseñadores y organizadores de las carreras. Por esta razón se dopaban atletas como Ben Johnson, Marion Jones, Tyson Gay, Justin Gatlin, Yohan Blake, Tim Montgomery, Linford Christie, Dwain Chambers o Dieter Baumann, futbolistas como Maradona, Frank De Boer o Gurpegui, tenistas como Andre Agassi, Petr Korda o Gasquet, esquiadores como Mühlleg, infinidad de beisbolistas de las Grandes Ligas, etc… para poder subir La Madeleine, Croix de Fer y el Galibier en la misma etapa (ironía).

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Hinault en la larga etapa de Lille del Tour 1980

Pero lo que no soportamos es que se permitan criticar la etapa del pavé y decir que este tipo de etapas no deberían tener cabida en el ciclismo profesional en ruta. Nos guste o no, el pavé es parte intrínseca de la Historia del Tour. Si los organizadores de la prueba gala renunciaran al pavé estarían renunciando a una parte importante de lo que hizo grande a su carrera. Todos los equipos, corredores y periodistas de ciclismo sabían desde octubre del año pasado que en el Tour, aparte de 6 etapas con final en alto y una crono individual de 54 kilómetros, se iba a disputar además una etapa clave, con 9 tramos de adoquinado, el 5º día de carrera. Un ciclista o equipo que se considere a si mismo candidato a vencer o a realizar una actuación destacada en la clasificación general, además de entrenar las subidas y las cronos, lo que debería haber hecho para preparar el Tour de este año era participar en carreras que incluyan esta superficie en sus recorridos y entrenar concienzudamente la técnica de manejo de la bici sobre el adoquinado.

Entrenarlo de verdad. No ir de paseo cicloturista rodeados de fotógrafos unas semanas antes de que comience el Tour, para reconocer el terreno mientras sonríen a las cámaras. Ni quejarse a los medios de comunicación y a los organizadores el día anterior a la etapa por la peligrosidad de un terreno que no dominan por su única culpa: por no prepararlo adecuadamente cuando saben de su importancia. O entrenarlo o renunciar a participar, como hizo su equipo con Nairo Quintana.

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Cancellara impone su paso en la etapa del pavé del Tour 2010

Habrá gente que se queje de lo duro y sufrido que es el pavé. Que es una trampa para los corredores, una tortura. ¿Y que es entonces subir muros casi inhumanos como el Zoncolan o el Angliru? Exactamente lo mismo, pero para todos los corredores de diferentes características a los escaladores ligeros, que son la mayoría del lote.

Una etapa como la del miércoles, de 150 kilómetros con 13 kilómetros de pavé, a algunos les parecerá una brutalidad innecesaria. Pero una etapa de montaña con colosos como el Gavia, Stelvio y Val Martello, con 60 kilómetros subiendo y más de 4000 metros de desnivel les parece una maravilla (ojalá hubiera etapas como esta en todas las Grandes Vueltas). ¿Por qué esta diferencia de apreciación? ¿Por qué la alta montaña beneficia a “mis ciclistas favoritos” y el adoquinado los perjudica?

La gran mayoría de caídas de la 5ª etapa del Tour se produjeron fuera de los sectores de pavé. Por la lluvia, las carreteras estrechas y la tensión. Tensión que provoca caídas, si. Pero una tensión que está siempre presente en todas las etapas planas del Tour durante la primera semana, haya o no haya tramos adoquinados. ¿Qué hacemos para guardar la integridad física de los ciclistas? ¿Suprimir la primera semana del Tour? ¿Prohibir las carreteras estrechas? ¿Quitar las rotondas? ¿Suspender las carreras cuando llueve? ¿Suspenderlas también cuando la temperatura sube por encima de los 30ºC? ¿Neutralizar las etapas con viento lateral? ¿Neutralizar también los descensos y prohibir las curvas?

El ciclismo es muy duro. El ciclismo es aguante y sufrimiento. Da lo mismo con sol inclemente, lluvia, viento, subidas largas, rampas brutales, descensos vertiginosos, carreteras estrechas, rotondas… y por supuesto con pavé. Siempre lo decimos: el ciclismo es más que mover vatios. Es muchísimo más que llegadas en alto y fracciones contra el reloj. Entre otras cosas es también técnica y habilidad sobre la bici. Técnica de la que carecen, quizás por no entrenarla adecuadamente, productos de laboratorio como Froome y Wiggins, cagados del susto cuando las carreteras se mojan. Y por supuesto el ciclismo también es valentía. Algo que le sobra a Nibali, que cuando se necesita “poner los huevos en la sartén”, él es el primero en poner los dos.

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Valverde y Contador sufriendo fuera de su terreno

La etapa del pasado miércoles pasó, por merito de los propios gladiadores que lo disputaron, a la gran historia del ciclismo. Los ciclistas que llegaron a meta ese día y los espectadores de todo el mundo que lo disfrutamos no lo olvidaremos en mucho tiempo. Fue un espectáculo fascinante que quedó grabado en las retinas de todos los aficionados al ciclismo. Un día para el recuerdo. Esa etapa si fue verdaderamente épica. Espectáculo ciclista en estado puro. Preciosa para ver, a pesar de la retrasmisión de TV, que muchas veces teníamos que intuir como iba la carrera. Disfrutamos como hace mucho no lo hacíamos con las bellísimas imágenes de las persecuciones entre los diferentes grupos que se iban rompiendo en cada tramo adoquinado. Todos los ciclistas llegaron vacios a meta. Dándolo todo. Como debería ser siempre. No en vano son admirados como héroes por el imaginario de la gente: por practicar el deporte de competición más duro y bello de todos. Por todo esto, por el maravilloso espectáculo ciclista que genera, el pavé debe regresar al Tour siempre que transite por el norte de Francia. Como mínimo uno de cada dos años.