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Gastarse lo del mercado en fiestas

Por @PauloForastero

Finalmente, la afición colombiana pudo disfrutar de una carrera ciclística en la que pudieran correr las superestrellas que brillan en Europa. Fue una fiesta tremenda gracias a la afición que se volcó a las calles y a los ciclistas totalmente implicados en la carrera, algo inusual entre corredores de equipos ProTour, que suelen asistir a las carreras de pretemporada con el fin de “acumular kilómetros”. El espectáculo fue tal, que logró eclipsar algunas fallas, torpezas e inconformidades que amenazaban la carrera y flota en el aire un balance positivo..

Aunque de labios para afuera solo hay gratutid y euforia, un tema de reflexión surge una vez apagado el ruido y caído todo el papel picado: El tema de la financiación, el costo de la carrera y su deseable sostenibilidad futura. Se mencionaron cifras entre 3000 y 7000 millones (FUENTE), de los cuales 2000 millones fueron aportados por el Estado a través de Coldeportes (FUENTE). ¿Era realmente necesaria esa cantidad de dinero si las cifras oficiales tienen semejante incertidumbre?

Vamos a suponer que por ser la primera edición y ante las ganas de sacar un producto excepcional, era mejor garantizar el poderoso músculo financiero estatal para tener éxito. Esto nos lleva a dos cuestionamientos: El primero, que una carrera que podría y debería sobrevivir con financiación privada se mantenga dependiente de financiación pública, con los altibajos, tramitomanías y arbitrariedades que ello implica. El segundo, que ése sea el destino que debe tener el dinero público destinado al deporte. Esos 2000 millones fueron necesariamente recortados de alguna otra parte, pero los efectos de ese duro golpe no saldrán en TV nacional ni en primeras planas de la prensa. Y aún si ese dinero hubiera aparecido de la nada, ¿Para el crecimiento del ciclismo no hubiera sido más relevante fortalecer los procesos de base, las escuelas de formación, la detección y formación de talentos, el fortalecimiento del ciclismo femenino, el apoyo a competencias regionales, la participación en más eventos, la lucha contra el dopaje o el mejoramiento del laboratorio antidoping de Coldeportes que fue sancionado en 2017? Son estas acciones, y no la financiación de Carreras, más acordes con la misión de la entidad.

La financiación privada

La Federación dirá que sin la ayuda Estatal hubiera sido imposible sacar la carrera adelante, pero la tristemente saboteada iniciativa del Tour del Café (la idea original de tener una 2.1 en Colombia) había demostrado que sí era posible, con financiación y organización 100% privada. La carrera nunca vio la luz porque la Federación no dio su aval. ¿Por qué razón? Porque no, y punto. La misma federación que esta semana recibe felicitaciones y aplausos por la Oro y Paz es la culpable de que un evento de esta magnitud no se hubiera podido realizar anualmente desde 2014. La historia completa puede leerse AQUÍ:

¿Por qué es necesaria la financiación privada? En primer lugar, para desligar la carrera de los intereses políticos de quienes tienen el poder de decidir dar ese jugoso patrocinio, que todo lo pueden enturbiar y degenerar. Recordemos el turbio asunto del dinero que se le pidió a Bogotá para recibir la Vuelta a Colombia una etapa.

En segundo lugar, porque la persona que puede decidir sobre esos recursos puede cambiar de año a año. A ese cargo puede llegar alguien que desconozca por completo el tema ciclístico, se comprometa a lo que no tendría por qué hacerlo, no exija lo que sí debería y el resultado sea un cruce de culpas en el que nadie paga. La amarga y frustrante experiencia del Team Colombia es prueba fehaciente de ello.

En tercer lugar, porque esos recursos públicos podrían tener mayor impacto si se ejecutan en otras actividades. La falta de presupuesto ha sido la razón para que la Federación (pese a contar con un sólido patrocinador de selecciones nacionales) no asista a eventos internacionales a los que tiene derecho y cupos ganados. El caso más sonado fue la renuncia a los cupos del campeonato mundial de ciclismo (Como lo mencionamos AQUI), pero ahí cabe también la inasistencia a las copa mundo de pista, a las pruebas clasificatorias para el tour de l’avenir, a eventos del calendario femenino, junior y sub23, y a otras carreras del circuito continental americano participando como selección nacional. Por otra parte, la vuelta a Colombia ha perdido este año su categoría UCI, quizá para nunca más recuperarla si se mantiene el éxito de la 2.1 (como sea que se llame en el futuro) y la federación esgrima que no hay suficiente presupuesto para mantener la categoría de las dos carreras.  La vuelta a Colombia femenina, que acertadamente habían llevado a ser UCI 2.2,  también salió del calendario.

(Leer ¿Dónde están las ruteras?)

Si las necesidades son muchas y el presupuesto es poco, si muchas acciones misionales de la federación no se realizan por falta de recursos, no tiene sentido gastar 2000 millones de pesos en un evento que se puede autofinanciar ni torpedear las iniciativas privadas que pueden fortalecer el ciclismo interno.  En esta entrevista, el presidente de la Federación menciona haber invitado a 500 personas internacionales (No solo deportistas, también periodistas) con vuelos en primera clase y hoteles cinco estrellas cubiertos por la federación.  Esto es gastarse en fiestas lo del mercado.  Solo esperamos que a lo largo del año no resulte diciendo que no se puede asistir a un evento internacional o que no se pudo organizar una clásica regional por falta de presupuesto.