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La Omertá en el Ciclismo

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*Ampliación del artículo-denuncia del columnista Gustavo Duncan publicado en el diario El Tiempo el jueves 17 de junio de 2015.

Omertá es “la ley del silencio”, un código de honor típico de organizaciones que operan al margen de la ley, basado principalmente en el miedo. En la cultura de las mafias, romper la omertá e informar a las autoridades de hechos y conductas delictivas e ilegales es castigable incluso con la muerte.

En plena disputa de una etapa intranscendente del Tour de Francia 2004, Lance Armstrong, vestido de amarillo, mira fijamente a la cámara de la televisión francesa. Está sonriendo y da la sensación de ir espléndido. De repente hace una mímica con los dedos, se cierra la boca como si fuera una cremallera y vuelve a sonreír. Ahora no parece espléndido y su sonrisa es una mueca. No esconde su soberbia, se antoja todopoderoso y cree que puede castigar a cualquiera que se atreva a desenmascararlo.

Momentos antes Armstrong había salido a la rueda de Filippo Simeoni, un ciclista insignificante para el título del Tour y que aspiraba ser parte de la fuga del día. Al ir el mismo líder a la rueda del italiano los demás equipos perseguían a todo vapor. Simeoni, para no estropear el esfuerzo de sus compañeros, tuvo que dejar que la fuga se fuera. A su lado Armstrong sonreía con sorna hasta que el lote los capturó y otros ciclistas continuaron con el ritual de matoneo.

Simeoni había cometido una falta imperdonable en el pelotón ciclista. Había denunciado que Michelle Ferrari, el médico de Armstrong, le había suministrado productos dopantes. Haber roto la omertá del pelotón tuvo un precio alto para su carrera. Tuvo que retirarse muy joven del ciclismo profesional, en plenitud de condiciones. Menos de una década después se supo “la verdad de Armstrong” y que el doping era una práctica masiva en el pelotón internacional.

Un cáncer del ciclismo interno colombiano
Esto que pasó en el Tour 2004 pasa hoy de manera descarada en el ciclismo colombiano. El consumo de sustancias dopantes en nuestro país es tan masivo hoy día como lo fue en las carreras europeas en los años 90 y la 1ª década de este siglo. Aquí nos encontramos en una situación conocida en el argot de los aficionados como “barra libre”. Al punto que es casi imposible ganar sin doparse. Al menos en carreras por etapas que tengan una alta dosis de montaña.

Sabemos que el problema no es solo colombiano, sino que está ampliamente extendido en el ciclismo de categoría Continental que se mueve “fuera del radar” del ciclismo UCI-World Tour (WT) y donde no existe el control que supone el pasaporte biológico. En las carreras de Centro y Suramérica aún podemos asombrarnos con corredores con actuaciones poco creíbles o not-normal (como diría Armstrong) en montaña, valores de potencia superiores a los de ganadores de Grandes Vueltas o llevarnos las manos a la cabeza con tasas de hematocrito superiores al 60% de un corredor que literalmente se jugó la vida para poder firmar un contrato con un equipo Pro-Continental europeo.

Colombia no se escapa a ese fenómeno. Por ejemplo, existen datos de vatios movidos por varios de los últimos ganadores en los altos de Santa Elena y Las Palmas, en la Vuelta a Colombia, que harían sacar chispas al potenciómetro de la bici de Chris Froome. Números de vatios/kg muy sospechosos, logrados a 2500 metros de altitud y superiores a los marcados por la élite del ciclismo WT en las grandes ascensiones de Tour, Giro y Vuelta.

Por lo que sabemos el dopaje está incrustado en ciertos equipos y sobre todo en varios corredores veteranos y resabiados en estos temas, que al parecer tienen una especie de “protección” por parte de la Federación Colombiana de Ciclismo (FCC). Corredores con récords espectaculares, pero que “desaparecen” para no acudir a los controles antidopaje y pocos meses después vuelven a competir. Los rumores hablan de cualquier cantidad de resultados positivos que no se hacen públicos y otros que son reducidos en las penas o directamente exonerados por la FCC.

Conocemos de la declaración anónima ante los miembros de la Comisión Independiente para la Reforma del Ciclismo (CIRC) promovida por la UCI de un ciclista colombiano controlado positivo en una carrera nacional; quien cansado de soportar sobre sus hombros todo el peso del castigo recibido explicó con pelos y señales a los miembros de esta comisión la grave y cruel realidad del ciclismo interno colombiano respecto al flagelo del dopaje.
¿Hasta cuándo seguiremos así?

¿Hasta cuándo seguiremos así?

Aquí hay multitud de “preparadores” que viven de vender cualquier cantidad de “sustancias” a los ciclistas, desde las categorías inferiores, mientras juegan sin ningún escrúpulo con la salud, el futuro y las ilusiones de centenares de jóvenes que sueñan con mejorar su condición a través del ciclismo. Sabemos que en algunas tiendas de bicicletas se pueden adquirir con extrema facilidad sustancias como el GW-1515 (una droga con claras contraindicaciones y con funestos efectos colaterales descritos por el propio fabricante), AICAR (del que se desconocen sus efectos sobre el organismo a medio y largo plazo), EPO o esteroides anabolizantes. Hasta tenemos noticias de jibaros sin escrúpulos que los fines de semana ofrecen productos dopantes a los ciclodeportistas en los altos circundantes a Bogotá. Lamentablemente, y desde el punto de vista estrictamente legal, no es un delito distribuir libremente este tipo de sustancias (como sí lo es en Francia, Alemania, España o Italia). Los expendedores de estos productos no sienten la necesidad de esconderse.

Con el doping que se utiliza hoy en Colombia cualquier ciclista “haría pitar la máquina” en la primera prueba en Europa. Son muy sospechosos varios casos de ciclistas “exitosos” en Colombia, que son contratados por equipos punteros WT y que son apartados “sin explicaciones” de las carreras. Y no son seleccionados por sus equipos para correr ni siquiera una sola prueba de segunda categoría en todo el año. Y al finalizar sus contratos, con la gastada excusa de que “no pudieron adaptarse”, regresan en silencio al ciclismo colombiano.
La omertá en el ciclismo colombiano

El otro punto negativo es el encubrimiento de la prensa. Lo único que se ha hecho por parte de los medios de comunicación, algunos aficionados y la FCC es mirar para otro lado. Hasta ahora solo hemos leído una columna de Héctor Abad Faciolince denunciando el tema. Él no es alguien que sepa mucho de ciclismo, ni siquiera es un periodista deportivo. De hecho la prensa deportiva en Colombia, por quien sabe qué interés o razón, ha decidido no hacer nada.

Es destacable la posición de silencio y hasta cierta permisividad respecto al dopaje, casi rozando la connivencia respecto a esta lacra, del más reconocido periodista especializado en ciclismo de Colombia: Héctor Urrego. Defensor a ultranza de Armstrong, aún después de la confesión pública del norteamericano; amigo del Doctor Beltrán, “el capo del doping” y halagador del preparador físico Ignacio Labarta (presos ambos por tráfico de sustancias dopantes), que a la postre fueron los que introdujeron el doping duro en Colombia, dejando una herencia funesta.

En su revista digital Mundo Ciclístico borra sistemáticamente los comentarios referentes al dopaje en Colombia y bloquea a los usuarios detractores de su tesis de “miremos para otro lado que aquí no pasa nada”. No alcanzamos a comprender por qué el Sr. Urrego no denuncia con contundencia algo que cualquiera medianamente enterado sabe: el problema que tenemos con el doping en Colombia. ¿Por qué no se atreve a hablar del tema del doping? ¿Porque si lo hace espantaría patrocinadores y se le afecta “el negocio”? ¿Prefiere ocultar y convivir con el dopaje, a pesar de que esto le cierre las puertas a muchos ciclistas honestos y se manche la imagen de nuestro deporte? Triste posición por parte de este periodista de tanto renombre, que afirma que los que luchamos contra el doping somos enemigos del ciclismo colombiano. Desde este blog le hacemos la invitación para que deje atrás sus rencillas personales, sea objetivo y trabaje con honestidad por la salud de los jóvenes ciclistas y el futuro del ciclismo nacional.

Los únicos que hoy día niegan la existencia del doping en Colombia son los editores de RMC, la FCC y algunos incautos e inocentes aficionados. Afortunadamente cada vez menos gente les cree. Pero mientras no se destape la olla podrida del doping en nuestras carreras ciclísticas… que se jodan los deportistas.

Un ciclista en activo, Juan Pablo Villegas (*), denunció a comienzos de año toda esta grave situación en una entrevista a un medio internacional. Al igual que ocurrió con Simeoni, el matoneo al que está siendo sometido en el mismo pelotón nacional ha sido feroz. Al igual que hacen las organizaciones mafiosas, comenzaron a llegarle insultos y amenazas (unas anónimas; otras con nombres propios) a su celular y a su cuenta en las redes sociales. Ahora existe un ambiente hostil en su contra entre varios de sus colegas de pelotón. Lo acosan y avisan que no le dejarán correr en paz y mucho menos ganar. Uno de estos “matones” es un veterano ciclista que hizo buena parte de su carrera profesional en equipos WT europeos. Parece que le aprendió los métodos mafiosos a Armstrong mientras corría en Europa. Sabemos también que un alto cargo de la FCC pidió amablemente a Juan Pablo Villegas que se retractara de sus declaraciones, al tiempo que le decía que podía contar con todo el respaldo de la Federación.
Juan Pablo Villegas en una prueba contrarreloj

Juan Pablo Villegas en una prueba contrarreloj

Desde este blog estaremos atentos a vigilar el más mínimo intento de amenazas o matoneo contra Villegas. Denunciaremos sin vacilar a quien lo haga. El compromiso contra la omertá del ciclismo colombiano es total. De igual modo, valdría la pena que el nuevo Presidente de la Federación abandonara su silencio y sentará una posición contundente al respecto.
Reducir el dopaje “a sus justas proporciones” (cuando menos)

En Colombia hay diferencias en el uso de las sustancias dopantes. La pobreza de muchos ciclistas les impide acceder al doping, por lo que no son competitivos respecto al resto de tramposos. Así mismo, los equipos con una filosofía de claro rechazo respeto al dopaje, aquellos que deben pasar los rutinarios controles de la UCI del pasaporte biológico (Team Colombia) o quienes someten a exámenes rigurosos a sus corredores con su propio pasaporte biológico (Manzana Postobón) no tienen como rendir en las competencias nacionales. Porque están siempre en desventaja respecto al resto de equipos (por más que estos firmen sobre papel mojado “códigos éticos”).

Lo que es todavía más grave e inexcusable es que al día de hoy pareciera haber una política y un compromiso serio en Europa por limpiar el ciclismo. Comparen sino las tablas de las mejores marcas de ascenso al Alpe d’Huez, donde hasta un patacón total como Laurent Madouas cargado de EPO hubiera sacado casi un minuto al mejor Nairo Quintana y más de dos minutos a Chris Froome. Así estaban las cosas en aquellos años en las carreras europeas.

No decimos que en el WT ya no hay doping. Pero está mucho más controlado desde la aparición del pasaporte biológico. Solo se necesitan unos médicos competentes que sepan calcular bien las dosis y los tempos. Por eso ahora solo caen los ciclistas de equipos modestos o las ovejas descarriadas que van por su cuenta. Los grandes equipos de grandes presupuestos tienen todos los parámetros fisiológicos de los corredores bien controlados para que se mantengan estables y el pasaporte biológico no sufra grandes altibajos. Eso sí, estos parámetros siempre los mantienen un poco por debajo de los límites superiores (como ocurre con el límite del 50% de hematocrito). Esta es la razón de la igualdad que vemos ahora en el ciclismo.

Si nos tomamos el tema con un poco de humor, por lo menos ahora tenemos unos límites establecidos y bien marcados, que si a algún ciclista o médico se le ocurre “la brillante idea” de traspasarlos nos íbamos a reír mucho mientras esperamos el inminente “Siguiente Gran Escándalo del Ciclismo”. Esos límites a los que nos referimos son por ejemplo los records de Pantani en Alpe d’Huez o Iban Mayo en el Mont Ventoux. Si alguien osa romper esas u otras marcas de los años oscuros ya sabemos con certeza que el escándalo está próximo a caer.
Parafraseando a un ex-presidente colombiano, parece ser que en el UCI-World Tour “se ha logrado reducir el doping a sus justas proporciones”. ¿Cuándo se dará el caso en el ciclismo interno colombiano?

(*) Hace un mes Juan Pablo Villegas decidió abandonar el ciclismo de competición; en parte debido a las amenazas recibidas, como lo cuenta en esta entrevista.

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Si tienen curiosidad o interés en conocer más sobre cómo funcionaba el doping hasta hace pocos años en el pelotón internacional le recomendamos descargar en este enlace el PDF de la edición en español del libro “Ganar a cualquier precio” del ciclista estadounidense Tyler Hamilton. Si tiene dificultades para descargarlo puede probar con este otro enlace. En el primer mensaje, abajo, en Ficheros Adjuntos, pueden clicar encima de cualquiera de ellos y bajarlo.