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La polémica, un “mal” necesario

Dubai Tour. Foto tomada de blogs.ft.com

Por: Eddy Jácome

@eddyjacome

 

Si por estos días alguien se atreve a decir que se vive la mejor época del ciclismo colombiano, algunos otros tratarán de contradecirlo evocando las mejores actuaciones de los años 80s y otros tantos opinarán que estas dos épocas no están muy lejos entre sí. Si no podemos afirmar de manera unánime que la actual es “la mejor época”, al menos sí se puede decir que es la más popular, o pues debería serlo, porque el impacto de la información ahora es mucho mayor que en los años 80, de eso no hay duda. Sin embargo, con un poco de observación, ese populismo no se hace notorio, no es tan evidente entre la gente.

Prendemos la televisión y vemos en canales nacionales, canales por suscripción, canales deportivos internacionales e incluso en canales deportivos nacionales que la invisibilidad de la disciplina de las bielas es desoladora. Se puede contar con los dedos de la mano las veces que desde aquí se logra sintonizar ciclismo: solamente las tres grandes vueltas, el campeonato mundial y a veces, con esporádicas apariciones, eventos como el Clásico RCN o pruebas nacionales de pista. Ni qué hablar de programas diarios o semanales, apenas contamos con un par de ellos en plataformas de muy poco alcance poblacional y con formatos básicos. Lo primero que nos pasa por la cabeza es hacer el reclamo porque claro, al menos los canales deportivos nacionales deberían hacerlo, pero seguro que la responsabilidad está lejos de recaer en su totalidad sobre ellos.

El problema, aparte de la desidia de los grandes medios, es la poca dinámica que da el ciclismo en este lado del globo. Haga este experimento: acérquese a un grupo de personas y trate de entablar una conversación sobre fútbol y notará que la mayoría querrá participar de inmediato, alardeando del equipo del que es hincha, tratando de ponerse de acuerdo sobre quién es el mejor de la actualidad o haciendo las veces de técnico de la selección para armar la titular del próximo partido. Una dinámica que seguramente llamará la atención de otras personas para involucrarse. Ese quizá es el ejemplo fácil. Trate entonces iniciar con un “Montoya estaba muy agresivo el domingo en (inserte carrera de Indy Car aquí), ¿no?” y verá cómo en ese momento algunos querrán entrar con una opinión sobre su personalidad o de cómo se pudo equivocar en alguna decisión estratégica en carrera. También puede tratar con una conversación sobre si es Falla o Giraldo el mejor tenista de la historia patria, los pocos que intervengan hablarán de la falta de mentalidad de Santiago o la irregularidad tremenda de Alejandro.

Ahora, comparemos ese tipo de controversias con las que habitualmente se presentan entre aficionados al ciclismo: estarán repletas de elogios hacia la disciplina como tal pero mucho más hacia quienes son sus profesionales. Hasta ahí todo normal, no habrá un fanático que no piense que en su deporte preferido se hacen cosas increíbles que merecen ser resaltadas.

El inconveniente aparece cuando alguien trata de dar una opinión que no tenga que ver con elogios directos o adulaciones (que de por si no están mal). “Que mal tomó esa curva” “¿Por qué ataca y frena enseguida?” “Está despreciando su talento en X terreno por enfocarse en X situación” “Cuando llegan las carreras grandes no rinde” “Ese movimiento fue un error, que mal está corriendo hoy” y demás. Frente a esta opiniones (que son comunes entre la afición de otras disciplinas deportivas) lo que se suele recibir no es el inicio de una dinámica conversación que pueda involucrar a otras personas; en lugar de ello, lo que automáticamente rebota como respuesta es un inabordable “entonces hágalo usted, si no lo ha hecho no opine”, un mantra con variables más o menos agresivas, más o menos insulsas pero siempre apuntando a exterminar cualquier asomo de expresión individual.

Como resultado tenemos un deporte muy practicado y muy respetado en general pero carente de popularidad, justamente a esa carencia de masificación es que los grandes medios acuden para maquillar su falta de imaginación en el momento de apostar por nuevo contenido en sus parrillas, y bueno, en parte tienen razón.

¿De dónde nació esta dañina tendencia? Es complicado conocer el origen exacto pero lo que sí se puede identificar es un círculo vicioso entre los medios especializados y los ciclistas. Unos hacen amistad con los otros buscando un mutuo beneficio, el ciclista no recibe ninguna crítica (ni siquiera constructiva) de parte de ellos y los medios acceden de primera mano a la información que proporcionan los ciclistas sin problemas. Como resultado de esta infortunada cadena, tenemos un público que no recibe nada más que información plana, a veces descontextualizada, tenemos una afición tradicional que ataca a aquellos novicios que tratan de ser fanáticos del ciclismo en la misma manera que lo son con los demás deportes, tenemos ciclistas que en su gran mayoría tienen nula tolerancia a las opiniones adversas y en últimas tenemos un pedalismo colombiano con poca dinámica.

Dicho esto, no queda más que invitarlos, sin importar si son nuevos o curtidos en el tema, a perder el temor y hacer de nuestra pasión una más entretenida, más amena. No tenga miedo de decir cuál es su ciclista o equipo favorito y por qué, no tenga miedo a defender esa posición con argumentos, con expresiones respetuosas. Pero ojo, decir que un corredor se ha equivocado no es faltarle al respeto, ni tampoco menospreciar su esfuerzo, simplemente es aceptar que es un ser humano y por ende, es propenso a cometer errores. Aplauda, reclame, elogie, enójese, entre en frustración y luego párese de su sillón para celebrar. Que su única limitante sea la del respeto, pero vaya más allá de elogiar.  Seguro que si todos lo practicamos haremos mucho bien a nuestra afición llamada ciclismo.