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¿Qué es un clasicómano?

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Por El Forastero
@pauloforastero

Muchas veces, al mirar el perfil de una carrera o una etapa (Si está bien hecho, no como los que suele publicar la Federación), escuchamos opiniones como “Es una etapa para clasicómanos”. Por ejemplo, la París – Niza de 2014 que fue presentada como una carrera “De ocho clásicas” (Leer nota)

En otras ocasiones, al hablar de ciclistas leemos que fulano “tiene un perfil clasicómano” o que determinado equipo quiere reforzarse para las clásicas.  ¿Qué quieren decir con estos términos?

Vamos a proponer el siguiente espectro (No está a escala ni tiene en cuenta muchas variables involucradas en el mundo real, pero es un buen modelo para comenzar a entender el tema).

Esquema
En un extremo está Marcel Kittel, el mejor velocista actual, capaz de desarrollar una tremenda velocidad en los últimos 500m de una etapa plana pero incapaz de mantener el paso del pelotón incluso en subidas cortas y no muy inclinadas. En el otro extremo está Nairo, uno de los mejores escaladores actuales, vencedor indiscutido en cronoescaladas (monte Grappa) y en etapas con final en un largo y empinado puerto de montaña (Val Martelo, Semnoz), pero incapaz de proponer un ritmo en un final plano que compita siquiera con los lanzadores de Kittel o con Velocistas de segundo o tercer renglón

Si a mayor poder escalador menor poder velocista y viceversa, ¿Qué tipo de corredor se encontraría hacia la mitad del espectro? ¿Qué tipo de carreras son aptas para ese tipo de corredores?

Miremos el perfil de una de las carreras más importantes del mundo: La decana de las clásicas, Lieja-Bastoña-Lieja:

Lieja
Es evidente que esta carrera no habrá la tradicional llegada al sprint de la que hablamos en nuestro artículo Cómo se prepara una llegada al sprint, tampoco los escaladores puros se verán en un terreno ventajoso para hacer un ataque sostenido que elimine a sus rivales uno a uno. Esta carrera tiene muchas subidas cortas, algunas muy empinadas, seguidas de tramos de descenso y falsos planos, además de tramos sinuosos por carreteras estrechas que hacen imposible el tradicional control de los equipos fuertes, por ello suele ser ganada por corredores que podríamos ubicar en la zona central del espectro que tomamos como ejemplo: corredores que no suben como Nairo ni embalan como Kittel, pero que tienen una punta de velocidad importante y les va bien en las subidas cortas gracias a su potencia. A esta categoría de corredores se les llama Clasicómanos, porque sus condiciones ciclistas se adaptan a los recorridos habituales de las clásicas. Cabe anotar que, si hay varios tipos diferentes de clásicas, también habría diferentes tipos de clasicómanos, generalmente clasificados según las características de los recorridos

(Leer Las grandes clásicas, la esencia del ciclismo)

Diferentes tipos de clásicas – Diferentes tipos de clasicómanos

Además de las particularidades propias de su atmósfera y tradición, cada clásica tiene identidad y particularidades propias de su recorrido que permiten ver en los puestos de honor a corredores muy fuertes y combativos, diferentes a los tradicionales “vueltómanos”, aquellos que suelen disputar el Tour de Francia o Giro de Italia, más conocidos por nuestra afición local.

Nairo Quintana ganando el Giro d’Emilia 2012

Con respecto al recorrido, si bien todas por lo general son de perfiles quebrados, algunas terminan en subida (Flecha Valona, Giro d’Emilia), otras terminan tras descenso (Il Lombardía), otras con final en un trayecto plano después del descenso (San Sebastián, Milán San remo), otras son completamente planas (Plouay, París-Roubaix) . Por esa razón, el palmarés de algunas clásicas cuenta con escaladores puros (Nairo ganó giro d’Emilia, Purito ganó Lombardía) o con Velocistas puros (Cavendish ganó Milán San Remo y Kuurne-Bruxelles-Kuurne), pero la mayoría son ganadas por los llamados “clasicómanos”.

Ataques lejanos y exhibiciones en solitario

No existe una completa correlación entre ser un buen contrarrelojero y ser un buen clasicómano. Si bien existen ejemplos como Fabián Cancellara (De los mejores del mundo en ambos campos), no vemos que Tony Martin se destaque como clasicómano ni que Tom Boonen se destaque como contrarrelojero. Pese a ello, en el desarrollo de algunas clásicas hemos visto ataques lejos de meta en los que un corredor hace una verdadera contrarreloj individual en los últimos kilómetros sin posibilidad alguna para el pelotón de darle caza.

En casos como esos queda evidente que un clasicómano debe ser un corredor potente capaz de realizar y resistir esos ataques en solitario. Las dificultades de cada recorrido (tramos adoquinados, muros, cotas…) ya habrá eliminado a los contrarrelojeros puros y a la mayoría de los gregarios de manera similar a como se eliminan los velocistas en las etapas de montaña, de manera que al final no haya un equipo sólido que persiga en bloque una fuga como en las tradicionales etapas planas y todo se reduzca a la lucha de los líderes de los equipos en primera persona. Este tipo de exhibiciones son más habituales en las clásicas de adoquines.  Como ejemplo podemos ver la París – Roubaix 2010 y el lejanísimo ataque de Fabián Cancellara.

Hombres rápidos en grupos pequeños.

En otros casos (Especialmente en años muy recientes, cuando los hombres fuertes se resisten a hacer ataques selectivos) a línea de meta llega un grupo numeroso de corredores de diferentes equipos que se enfrenta a una llegada al sprint, con las siguientes diferencias respecto a los habituales embalajes en las etapas planas.

– No hay un fuerte treno que impulse a un velocista líder
– El recorrido puede ser entreverado y con curvas, cotas o tramos adoquinados cerca de meta
– Los grandes velocistas se han quedado cortados o simplemente no participaron

Estos finales suelen resolverse por astucia y viveza, más que por evidente superioridad de fuerza. La victoria implica no solamente ser un corredor rápido en estos grupos pequeños sino también saber elegir el momento exacto para atacar, leer las intenciones de los rivales y tomar decisiones en fracciones de segundo. Es el caso de corredores como Simon Gerrans y Alejandro Valverde, aquí en la Lieja – Bastoña – Lieja

 

Escaladores explosivos

Un tercer grupo de clasicómanos es el de los escaladores que pueden hacer fuertes aceleraciones en puertos cortos y tengan suficiente fuerza y habilidad para defender la ventaja que han logrado, bien en el descenso o bien en un trayecto plano final. Hemos visto que así se definen clásicas como la Flecha Valona (final en alto), Lombardía (final tras descenso) y San Sebastián (Final plano tras descenso).

También son habituales en etapas de vueltas con recorridos adecuados. Por ejemplo, esta fue la quinta etapa del Tour de California 2014: hay un puerto corto antes de meta, descenso y largo trayecto plano, como se muestra a continuación.

California

La última subida no es tan larga ni tan empinada como para que un escalador de liviano y de resistencia logre marcar diferencias. Y si lograra hacerlo, el trayecto plano que viene tras el descenso le haría perder la poca ventaja ganada. Descartados los escaladores puros para la victoria

Por otra parte, a pesar del final plano, esa subida previa descartaría por completo a los velocistas que no puedan seguir fuerte ritmo del pelotón en la escalada. Descartados también los embaladores puros.

Esta etapa fue ganada por uno de los mejores contrarrelojistas del pelotón: Tylor Phinney: Todos sabemos que no es un escalador, pero hace su ataque explosivo en la subida y gracias a que el puerto es corto, logra una ventaja que luego logra mantener gracias a sus gran nivel como contrarrelojero.

¿Colombia puede tener clasicómanos de primer nivel mundial?

Definitivamente, sí. De hecho, varios escarabajos han ganado clásicas en los últimos años: José Serpa (Trofeo Laigueglia), Esteban Chaves (GP Camaiore), Leonardo Duque (Pays de Loire y GP Bruno Beghelli), Rigoberto Urán (Giro del Piemonte), Nairo Quintana (Giro de Emilia) y Fabio Duarte (Coppa Sabatini). También podemos contar a Carlos Betancur, vencedor en dos etapas de la París Niza cuyo recorrido fue definido como “de ocho clásicas” y en un Giro d’Emillia,

 

Rigoberto Urán ganando el Tour del Piemonte

Entre otros puestos de honor, podemos resaltar los podios de Rigoberto Urán en Lombardía (2008 y 2012), de Sergio Henao y Carlos Betancur en la Flecha Valona de 2013 y numerosos Top 5 de Miguel Angel Rubiano en clásicas del calendario Italiano.

Pese a estos resultados, no es posible afirmar que todos estos corredores sean del perfil “clasicómano” que acabamos de exponer. No solamente porque la mayoría sean declarados escaladores, sino porque prefieren (y han conseguido importantes logros) en las carreras por etapas, se adaptan mejor a ellas y por lo tanto entrenan para ellas.

Uno de los principales problemas que existen para el surgimiento de grandes clasicómanos colombianos queda evidente al observar el calendario nacional: Excluyendo el obvio campeonato nacional de Ruta, no existe ni una sola prueba de un día que se dispute en el máximo nivel. Existen tres en los extremos del calendario (Feria de Manizales, Miguel Angel Sanabria y Aguinaldo Fusagasugueño), pero con recorridos muy cortos y para muchos están fuera de la temporada.

Esto quizá se deba a que las carreras por etapas (Especialmente las grandes vueltas) sean las preferidas por la afición colombiana y por esa razón prefieren que en las carreteras nacionales se organicen pruebas por etapas. Recién en los últimos años ha comenzado crecer una afición dispuesta a conocer y apreciar las clásicas y el tipo de ciclismo que muestran.

De la misma manera que hemos propuesto variedad en los recorridos de las carreras por etapas, para que no todas las pruebas tengan (alta) montaña y sea posible detectar buenos rodadores y contrarrelojeros, también abogamos por la presencia de verdaderas clásicas (Carreras de un día) en el calendario nacional, con buenos recorridos selectivos, variados y de un kilometraje respetable, que permita detectar buenos corredores de este perfil que logren insertarse con éxito en el contexto internacional. Recordemos que gran parte del calendario del Team Colombia está constituido por carreras de un día italianas, y varias veces hemos escuchado que sus resultados no son grandiosos porque esas carreras “tienen recorridos que no se adaptan a las condiciones de nuestros ciclistas”.

(Leer Propuesta de recorridos para clásicas de un día en Colombia)

Si hablamos de las clásicas de adoquines, vemos que la participación colombiana ha sido aún más reducida. Se destaca el 4° puesto de Leonardo Duque en E3 Prijs Vlaanderen-Harelbeke de 2012 como el mejor resultado de un escarabajo.

Los escaladores livianos quizá no tengan toda la potencia necesaria para correr en carreras como París Roubaix, Rigoberto ha declarado que no quiere correrla (y quizá sea esa la opinión de la mayoría de nuestros escarabajos livianos), pero eso no significa que Colombia deba privarse de tener participación allí.

Tomás Restrepo, el espigado corredor (1’94m) que actualmente milita en el Lizarte ya manifestó su interés por estas carreras y para que más corredores colombianos puedan igualmente soñar con ellas es necesario que Colombia organice competencias de un día con recorridos selectivos y de calidad. Los corredores altos y potentes verán en ellas las posibilidades de triunfar que los recorridos cargados de alta montaña les niegan.

Queremos una temporada de clásicas colombianas!