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¿Qué esperar del Giro 2017?

5 agnello 2016

Por Asier Bilbao

El siguiente es un análisis muy personal de los recorridos de Giro y Tour 2017, escrito desde el punto de vista del espectáculo ciclista que estas dos carreras puedan generar; y tratando de explicar mis razonamientos de por qué me parece que el año que viene vamos a ver un Giro de Italia más aburrido de lo que quisiéramos y un Tour de Francia más divertido del que nos imaginamos. Es más una predicción de lo que veremos en estas dos Grandes Vueltas (GV) mirando los perfiles de las etapas y su distribución global, e imaginándome como actuarán los ciclistas actuales ante estos recorridos. Comencemos comentando el recorrido de la Grande Boucle, que se presentó una semana antes que la Corsa Rosa.


Giro d’Italia: ruptura con un modelo que funciona a la perfección


Una vez visto el recorrido del Giro, presentado hace pocos días, se puede afirmar que será la GV más compensada del 2017 en la relación entre CRI y montaña (de la Vuelta a España no podemos esperar más que una infinidad de metas en alto o murito y pocos kilómetros CRI) y el ganador será un ciclista bastante completo, un escalador que deberá defenderse muy bien en las cronos. Pero a pesar de que el Giro es más compensado que el Tour el recorrido no me gusta. Sobre todo la montaña.

En el éxito del gran espectáculo ciclista vivido en los dos últimos Giros tienen su parte de importancia los recorridos diseñados. Las claves de esos dos recorridos fueron:

1 – Colocar una CRI más o menos larga antes de que comience lo duro de la montaña, que abrió las distancias en la general y obligó a los escaladores a mostrarse combativos en las etapas siguientes si querían lograr algo destacado en la clasificación final.
2 – Pocas etapas de alta montaña (4 en cada edición), que obligaban a los escaladores a no dejar pasar las oportunidades.
3 – Diseños “inteligentes” de las etapas de montaña claves, colocando puertos de paso durísimos (Mortirolo y Finestre en 2015, Giau y Agnello en 2016) que rompieron la carrera bastantes kilómetros antes de la meta.
4 – Pocas llegadas en alto duro (cuatro en 2015 –Abetone, Campitello Matese, Madonna di Campiglio y Cervinia- y dos en 2016 –la cronoescalada a Alpe di Siusi y Risoul-), que obligaron a los escaladores a tener que tomar riesgos, sin poder esperar a los kilómetros finales de las pocas metas en alto para sacar suficiente distancia respecto a sus rivales.

Contrarreloj larga y quebrada, antes de la gran montaña.  Perfecto

 

En 2017 nos encontraremos con dos CRI de media distancia, ideales para rodadores, que suman un total 67 kilómetros. Y como estos años, también la crono más larga, de unos 45 minutos de esfuerzo, está colocada antes de la montaña de la última semana. Al igual que ocurrirá en el Tour, también el Giro tendrá su peligro para los capos en la 1ª semana, con dos llegadas en alto muy duras que obligarán a los corredores a afinar bien los estados de forma si no quieren pagarlo caro esa 1ª semana o en la última. Tampoco faltarán los típicos finales nerviosos con llegadas en repechos en las fracciones y . La media montaña no es tan peligrosa como otros años, con más apariencia que dureza real de los puertos a transitar. Aunque “el serrucho” de media montaña de la Toscana, colocado “con toda la mala intención” justo tras la crono más larga, tiene sus riesgos si se forma una escapada con segundas espadas o entre en ella algún favorito que haya perdido buena parte de sus opciones de victoria. Otras trampas que se encontrarán los ciclistas serán las exigentes etapas siguientes a los tres días del descanso (Etna, CRI y Bormio).En este sentido… todo perfecto.

Pero la montaña… Ay, la alta montaña… Nada que ver con el diseño y la colocación de las etapas de las dos últimas ediciones. Si exceptuamos el etapón de Bormio, que va a ser “La Etapa del 2017”, con sus 7 largas horas de carrera y sus tres puertos Fuera de Categoría en el menú del día (aunque el Mortirolo no se sube por su vertiente mítica de Mazzo in Valtellina sino por el lado de su estreno en 1990), el resto de las etapas de montaña me parecen malas de cara al espectáculo. No entiendo lo que han querido hacer en la última semana del Giro con tanta etapa de montaña mal diseñada y peor colocada.

La etapa más dura que se correrá en 2017

Me parece que Mauro Vegni, o tuvo mucha suerte cuando diseño los recorridos del 2015 y 2016, disimulando a la perfección la mucha dureza que escondía la montaña… o para el año que viene pensó en promover un “duelo generacional-mediático-italianissimo” entre Vincenzo Nibali y Fabio Aru. Porque elimina de un plumazo los puntos 2, 3 y 4 expuestos arriba; que fueron claves para que hayamos gozado tanto estos dos últimos años con el Giro. En su lugar proponen un montón de llegadas en altos duros o muy duros para que el “pancartero” Aru se imponga sobre Nibali. Luego ponen las dos CRI para favorecer a Nibali sobre Aru. Y así ya tenemos servido “el duelo fratricida” que hará vibrar a los tifossi.

Es un error muy común hoy día en los círculos ciclísticos (prensa especializada y aficionados ocasionales y no tan ocasionales) pensar que cuantas más etapas de montaña se incluyan en un recorrido de GV mayor y mejor será el espectáculo vivido. Ante la acumulación de fracciones de montaña los corredores y directores actuales piensan más en reservar energías para las jornadas posteriores que en gastarlas y pagar después los esfuerzos extras. Y en las últimas etapas de montaña los organismos están tan fatigados que ya no quedan fuerzas más que para tratar de aguantar. Este error de apreciación es aún más evidente con las metas colocadas en altos muy exigentes o de rampas extremas. Si hablamos de calidad del espectáculo ciclista, no creo que sea casualidad que los mejores Giros de este siglo, los más divertidos, sean los de 2005, 2010, 2015 y 2016; precisamente los que menos llegadas en alto duro programaron.

En 2017 habrá hasta seis etapas que podríamos considerar de montaña o alta montaña. No hay ni un solo puerto de paso que meta miedo por sí mismo a la hora de romper la carrera lejos de la meta. Y tendremos cinco fracciones con clara llegada en alto. Cuatro de ellas tienen esa subida a meta como puerto más duro del día; con lo que esto conlleva en cuanto a la actitud conservadora que puedan tener los ciclistas en esas jornadas.

Primera etapa de montaña, la cuarta.

Tras las etapas del Etna, el Blockhaus, la CRI de Montefalco y el tappone de Bormio la relación de fuerzas entre los corredores deberá estar bien definida en la clasificación general. Por eso me parece que las etapas dolomíticas de la última semana sonmucho tilín-tilín y poco de paletas. Son demasiadas etapas, están mal colocadas y están diseñadas aparentando una dureza que no es tanta como parece en las engañosas altimetrías (todo lo contrario a los dos últimos años, donde se trataba de disimular la dureza real de las etapas). Los tres primeros altos de la corta etapa de Ortisei, los passos Pordoi, Valparola (comenzando de Cernadoi) y Gardena, son míticos por ser parte importante de la historia del Giro, pero su dureza no es tal. Son todos puertos que a pesar de su altitud, siempre superiores a los 2100 metros, alcanzan muy justo la categoría de 1ª. Además el descenso del Passo Gardena hasta el primer paso por la meta de Ortisei es tan largo y sencillo y el último ascenso tiene tres kilómetros tan duros que es poco probable que los ciclistas se atrevan a atacar lejos de meta. Para colmo al día siguiente tienen una fracción larga y sin excesiva dureza pero con la llegada en un alto muy duro; por lo que en estas dos etapas los corredores que disputen la general seguro estarán pensando en guardas fuerzas para esos kilómetros finales de Piancavallo. Sin solución de continuidad se viene otra etapa de montaña con apariencia de dureza, donde el Monte Grappa se sube por una vertiente larga pero fácil y con muchas zonas de recuperación. Con la mente de los ciclistas puesta en la planísima crono del día siguiente en Milán, todo quedará para la subida a Foza, que se coronará a 15 kilómetros de la meta en Asiago.

Si con tanta meta en alto que bloquea las etapas (las del mismo día y las inmediatamente anteriores) en el Giro 2017 vemos ciclismo de calidad, con carreras rotas a muchos kilómetros de meta y persecuciones a muerte como las que gozamos este año en las fracciones de Corvara, Andalo y Risoul, será porque los equipos no son tan potentes como en el Tour a la hora de llevar controlada la prueba.

En cuanto a los comentarios respecto de la supuesta dureza de la montaña del Giro y la poca montaña que hay en el Tour, en mis cuentas me sale que las dos carreras programaron 7 puertos Fuera de Categoría y 5 de 2ª Categoría. La diferencia es en los altos de 1ª Categoría, donde el Tour tiene 10 altos y el Giro 14. No me parece que sea tanta la diferencia. Además creo que los puertos del Tour está mejor colocados y distribuidos que los del Giro de cara a presenciar un buen espectáculo ciclista.