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¿Qué podemos esperar del Tour 2017?

Montpellier - France - wielrennen - cycling - radsport - cyclisme - Peter Sagan (SLK-Tinkoff) - Chris Froome (GBR-Team Sky) - Geraint Thomas (GBR-Team Sky) - Maciej Bodnar (POL-Tinkoff)  pictured during stage 11 of the 2016 Tour de France from  Carcassonne to Montpellier, 164.00 km - photo NV/PN/Cor Vos © 2016

Por Asier Bilbao

El siguiente es un análisis muy personal del recorrido del Tour 2017, escrito desde el punto de vista del espectáculo ciclista que estas dos carreras puedan generar; y tratando de explicar mis razonamientos de por qué me parece que el año que viene vamos a ver un Giro de Italia más aburrido de lo que quisiéramos y un Tour de Francia más divertido del que nos imaginamos. Es más una predicción de lo que veremos en estas dos Grandes Vueltas (GV) mirando los perfiles de las etapas y su distribución global, e imaginándome como actuarán los ciclistas actuales ante estos recorridos. Comencemos comentando el recorrido de la Grande Boucle, que se presentó una semana antes que la Corsa Rosa.

Tour de France: buscando soluciones a la falta de combatividad

Uno de los principios por los cuales se mueve la humanidad es el universal “Principio del mínimo esfuerzo”. Cuando Henry Desgrange, el fundador del Tour de Francia, vio que los corredores de “Su carrera” comenzaron a amangualarse y se redujo la combatividad y en consecuencia se redujeron primero el espectáculo y después las ventas del periódico organizador… inventó las contrarreloj individuales. ¿Qué los ciclistas no quieren sufrir? ¡Pues tome dos tazas!

En la actualidad pasa algo parecido con el ciclismo moderno. Todos los equipos y corredores quieren, como es lógico, sacar el mayor beneficio con el mínimo esfuerzo posible. Por eso ahora están tan medidos todos los esfuerzos: para obtener los mejores rendimientos atléticos y que estos pasen la menor factura posible en el mismo momento de producirse y en el futuro inmediato.

                 Las últimas batallas para el recuerdo del Tour distan ya un lustro

Que un triple campeón del mundo en ruta como Oscar Freire dijera hace pocos años que “el Tour de Francia es la carrera más aburrida de todas” a un gigante como Amaury Sports Organisation (ASO) no le hizo ni cosquillas. Que todo un quíntuple campeón del Tour como Miguel Induráin declarase tras la presentación del Tour 2014 que “el Tour castiga últimamente a los contrarrelojistas y a los ciclistas completos”o que “en el ciclismo no todo es escalar” no debió importarles mucho a los organizadores, vistos los recorridos de los años posteriores. Que el mismísimo Bernard Hinault, el mejor ciclista francés de la historia y símbolo vivo de la prueba gala, dijera este año antes del comienzo del Tour que “él no piensa perder su tiempo viendo las etapas, porque nunca pasa nada hasta los últimos kilómetros”, que “prefiere aprovecharlo yendo a la playa para jugar con sus nietos” y que “en la actualidad lo mejor de las etapas del Tour son los paisajes” no debió hacerle mucha gracia a ASO. Pero lo que con toda seguridad no les gustó absolutamente nada a los organizadores del Tour fue leer, al finalizar la prueba gala de este año, llamativos titulares del estilo de “El peor Tour en muchas décadas” o “El Tour más aburrido de la historia”. Tampoco debió gustarles escuchar en las retrasmisiones en directo por la TV francesa, por parte del ex-ciclista y hoy día comentarista Laurent Jalabert, las críticas a los corredores por la nula combatividad mostrada en lo que respecta a la lucha por la clasificación general. Seguro terminaron dolidos ante tanta merecida crítica.

Para el año que viene se ve que los de ASO trataron de solucionar esas fallas de su carrera estrella, diseñando un recorrido pensado en lograr aumentar la combatividad de los ciclistas, obligándolos a atacar sin esperar a los últimos kilómetros de los finales en alto. Y al mismo tiempo queriendo evitar que Chris Froome deje sentenciada la prueba “demasiado pronto” y el dominio absoluto del Sky con el miedo que meten a sus rivales llevando la carrera “neutralizada”.

El recorrido del próximo Tour tiene varios detalles muy buenos en lo que respecta de búsqueda de recuperar el espectáculo deportivo y un par de cosas que en mi opinión reflejan una evidente decadencia de la que se considera la mejor carrera del mundo.

Empecemos por lo malo, que aunque es poco, supera a lo bueno por su importancia en lo que debería ser una GV como mandan los cánones. Primero el vergonzoso recorte de una disciplina histórica en el Tour como son las contrarreloj individuales, solo para que Froome no distancie a sus rivales y se mantenga la supuesta “emoción de una general apretada”. La cultura ciclista dice que dominar las CRI es lo que distingue (o distinguía) a los grandes campeones del resto de corredores. Ahora parece que algún iluminado quiere hacer desaparecer esta disciplina básica en el ciclismo en ruta, como si le molestaran o las odiara. Me parece lamentable la ausencia de kilómetros contra el crono, solo 36, separados además en dos CRI. Produce tristeza que a dos días de finalizar la carrera bajen desde el corazón de los Alpes hasta las orillas del Mediterráneo para realizar una fracción cronometrada de tan solo 23 ridículos kilómetros; que seguro más de un “perio-listo” la llamará crono larga.

Segundo está la, ya habitual en las últimas ediciones, ausencia de gran fondo en alguna de las etapas clave, donde los ciclistas se vean obligados a estar encima de la bici por más de 6 horas. El llamado “largo aliento” es (o era) la esencia de las GV.

Pero vayamos con lo bueno, que es bastante:

– Casi todas las etapas tienen mucha variedad en su diseño.
– No hay un número exagerado de fracciones de montaña.
– En la 1ª semana tenemos un par de etapas exigentes, que no permitirán a los corredores llegar cortos de forma a la salida de Düsseldorf; para no sepultar en esas etapas clave sus opciones de victoria o de una buena clasificación; pero tampoco excederse en la puesta a punto de esos estados físicos óptimos, pues lo podrán pagar caro la última semana.
– Hay claramente tres etapas de alta montaña muy duras, de las que se pueden considerar como Etapas Reinas. Y están distribuidas una en cada semana de carrera.
– La reducción de los bloques de montaña en un máximo de dos etapas seguidas. Así nadie tiene la excusa de que hay que guardar fuerzas para los días siguientes.
– La colocación en estos bloques de la etapa larga y dura primero y la etapa más suave después; para evitar en los corredores y directores “el miedo al día siguiente”.
– La reducción de metas con llegada en alto duro (que en el ciclismo moderno no hacen más que bloquear las etapas anteriores y “neutralizar” el discurrir de la misma etapa con final en alto) a solo tres: La Planche des Belles Filles, Peyresourde-Peyragudes e Izoard.

– La inclusión de etapas cortas, con inicio explosivo y/o nerviosas.
La montaña del Tour en general me gusta. Las etapas están bien diseñadas en su conjunto, con el único lastre de la colocación del Izoard. Para empezar viene el 5º día la etapa unipuerto con final en el corto y explosivo La Planche des Belles Filles, que obliga a todos los que quieran disputar la general (ya sea para ganar o para hacer un top-10) a llegar en plena forma. Fuera las máscaras desde el comienzo.

La durísima etapa que definirá el devenir del Tour 2017

Después viene el primer bloque de dos etapas en el Jura. La primera demedia montaña con final en Les Rousses está bien como toma de contacto y para posibles escapadas peligrosas, con un 1ª Categoría inédito que se corona a tan solo 11 quebrados kilómetros de la línea de meta. La segunda es una de las Etapas Reinas de la próxima edición, con tres Hors Categorie cortos y explosivos, tres “mini-Mortirolos” con descensos muy técnicos y por carreteras angostas (Thibaut Pinot no debe estar muy contento) que pueden dar mucho juego táctico si uno o más equipos se atreven a arriesgarse o por lo menos tratar de pillar por sorpresa a alguno de sus rivales. Una de las dos etapas del Tour obligatorias de ver. Todo esto en la 1ª semana de carrera. Perfecto.

En la 2ª semana se vienen los Pirineos con otras dos etapas. La primera larga (unas 6 horas de carrera) y con un encadenado final muy bien diseñado para seleccionar en el col de Mente (donde se hundió el Sky al completo en 2013), tratar de romper el lote en el port de Balès e ir con todo en el Peyresourde. Sobre el papel todo perfecto para que se vea un bonito espectáculo. Sobre todo porque la corta etapa del día siguiente no da miedo, a pesar de que los cols de Agnes y Péguère sean puertos cortos pero muy duros. Será esta segunda fracción pirenaica una etapa que se correrá a tope desde el comienzo. Explosividad en busca de sorpresas.

La 15ª etapa, de media montaña a través del Macizo Central, tiene un alto de 1ª Categoría de salida y perfil quebrado después,siempre por carreteras angostas y muy difíciles de controlar por el lote, antes de otro 1ª Categoría muy exigente (con dos kilómetros seguidos a mitad de puerto al 11 y 14% de pendiente media) que se corona a 30 kilómetros de meta. Y viene justo antes del segundo día de descanso; perfecto para que se pueda ver combatividad sin excusas.

Para finalizar la montaña llega en la semana definitiva el bloque de etapas de los Alpes. La primera fracción es la que podemos considerar como la Etapa Reina del Tour 2017. La segunda etapa del año que viene que no podemos perdernos. Tiene dos Hors Categorie largos (con más de 1h y 1:30h de ascensión respectivamente) y con altitud como son loscols de la Croix de Fer y la temible vertiente norte del Galibier, donde casi siempre “pasa algo para el recuerdo”. Además el encadenadoTelegraphe+Galibier es un puerto con unas características a las que nunca se ha enfrentado el potenciómetro de Froome. A ver cómo le responde el aparatico. Es en mi opinión el lugar donde Nairo debería destrozar la carrera, mandando a su equipo poner un ritmo infernal desde el mismo Telegraphe. Pero la siguiente etapa es la peor diseñada (por simple) y peor colocada de todas; porque los limitados corredores actuales y los mediocres directores que nos toca sufrir solo ven las llegadas en alto como los sitios donde sacar tiempo a sus rivales (“espacios para la batalla” en palabras de Froome). Desprecian todos los demás terrenos. Esperemos que para entonces ya hayamos visto una buena carrera, porque en esa etapa de homenaje al mítico col alpino, llamada a la victoria de algún integrante de la escapada del día, no va a pasar nada hasta que los favoritos entren al bosque del Izoard, en los últimos 8 kilómetros del ascenso.

 

La etapa del Galibier es muy parecida a la que dinamitó el Tour 93

En resumen me parece una muy buena montaña, tanto en diseño, como en colocación y variedad. Lástima lo corto de las dos CRI, que dejan un recorrido muy malo en global, muy descompensado a favor de los escaladores respecto a los corredores completos. De las 8 etapas de alta montaña-montaña-media montaña 5 terminan tras el descenso o descenso + plano del último puerto. Me parecen perfectas; porque veremos diferentes formas de finalizar una etapa de montaña. Las bajadas y el plano también hacen parte esencial del ciclismo en ruta. Así se ofrece terreno para premiar a los ciclistas valientes (si los hubiera, claro está). Y los corredores modernos se tendrán que adaptar a metas diferentes a las que entrenan habitualmente con el potenciómetro, que son las llegadas en alto. Y sobre todo los obligará a mostrarse ofensivos si quieren obtener tiempo sobre sus rivales, sin poder esperar a los 5-6 kilómetros finales de las metas en alto para atacar… o para “pancartear” en el último kilómetro, que eso sí es triste de cara al espectáculo. Lo malo es que estos ciclistas y directores de hoy día piensan más en no perder tiempo que en distanciar a sus rivales.

Pero en mi opinión los de ASO lo hicieron bien a medias en su búsqueda de recuperar el espectáculo. Porque todo esto que intentan para ver una carrera divertida (si se compara con la decepcionante de este año es muy fácil que así sea) y “emocionante” no valdrá de nada si Froome y su equipo están tan fuertes como este año y sobre todo si los rivales del keniata no muestran la más mínima ambición de hacerle daño al Sky.

Para debilitar al equipo británico sería necesario colocar una CRE larga y plana en la 1ª semana. Una etapa de estas características evitaría que los Sky pudieran alinear en su “nueve del Tour” a 5 de los 10 mejores escaladores de la carrera; lo que ayudaría mucho a que las etapas montañosas sean más difíciles de controlar por el temible “tren de montaña” compuesto por Poels, Henao, Nieve, Landa &Co. También cabe la posibilidad de reducir el número de corredores por equipo; algo sobre lo que ya habló Christian Prudhomme nada más finalizar el Tour de este año. Veremos en que queda esta propuesta, que creo básica para que se recupere la épica en el ciclismo, pero a la que se oponen todos los managers y directores de equipo del World Tour.