Blog de ciclismo colombiano | La Ruta del Escarabajo
Síganos en redes sociales

Reseña: Documental ÍCARO (Netflix)

Por @PauloForastero

(Alerta, algunos spoliers)

El pasado 4 de agosto fue el estreno mundial del documental ÍCARO, con la siguiente sugestiva sinopsis, que parece sacada de un thriller de espías de la guerra fría o de algún reporte conspiracionista como los que inundan internet:

El documental ha tenido gran acogida y incluso viene de recibir la nominación al Premio Óscar al mejor documental largo. Para quienes estamos involucrados de alguna manera con el mundo del deporte, aunque sea tras el teclado o como uno de los millones de espectadores que invierten su tiempo libre en consumir ese producto llamado “Deporte profesional convertido en espectáculo” que con tantos millones preparan para nosotros, el documental nos deja fríos, sacudidos, encandilados, boquiabiertos con una verdad de la que siempre se habla pero de la que nadie habla, a menos que se salga del entramado del espectáculo, como ocurre con los protagonistas del documental.

En la narración de Ícaro es posible identificar dos partes muy bien diferenciadas:  En la primera, el realizador se presenta como conejillo de indias dispuesto a probar en su carne un sofisticado plan de dopaje para comprobar dos hipótesis: que puede mejorar sustancialmente su rendimiento deportivo y que puede evadir los controles antidoping a los que se presente.  La segunda, comienza cuando los acontecimientos se precipitan y la trama se centra en otro personaje: La persona que lo estaba guiando en este tramposo proceso, que al final resulta en el ojo del huracán de la tormenta conspiranoica que se menciona en la sinopsis.

¿Por qué apuntarse a un plan de dopaje?

Al inicio del documental, Bryan Fogel se presenta como un ciloturista de buen desempeño que entrena todo el año para participar en la Haute Route, “El evento ciclístico amateur más prestigioso del mundo”.  Su resultado, y especialmente el de los corredores que ganaron, le llevan a plantearse la hipótesis de que algunos de ellos habrían usado algún tipo de dopaje para lograr tal desempeño. ¿Pero doparse para una marcha cicloturística en la que la mayoría participa para terminar?

Por descabellada que suene la idea, hay suficientes casos. El gran Fondo de Nueva York, por ejemplo, 100% amateur como todo gran fondo, ya tiene en su corta historia cinco positivos por dopaje (FUENTE),  uno de ello el del  Colombiano Oscar Tovar, ganador de la edición de 2015.

La primera atterradora conclusión es que hay personas se están dopando para terminar una marcha cicloturística que ni premios da.  Es como doparse, poniendo en riesgo la salud, invirtiendo más dinero del que podría valer la bicicleta, para ganarle al vecino en la subida a Patios o Las Palmas, o para bajar de dos horas en una media maratón, y luego regodearse de ello.

Eso demuestra que el monstruo del dopaje, que siempre vemos representado en los grandes campeones tramposos, en las mejores carreras del mundo, en equipos poderosos y en el entramado que con ellos se monta, tiene una raíz igual de grande, poderosa y profunda dispuesta a invadirlo todo, hasta las marchas cicloturísticas y las categorías prejuvenil y juvenil (Leer un Caso).

(Leer Breve Cronología del doping más allá del ciclismo)

Siempre habrá gente dispuesta a hacer trampa en todo el espectro deportivo: Desde campeones del Tour de Francia hasta gregarios de equipos amateur sin ninguna pretensión de ganar al menos etapas, como algunos de los casos  positivos de la pasada vuelta a Colombia. En todos ellos, podría verse una excusa (que en ningún modo es excusa) en el miedo a quedarse sin trabajo, como muchos dopados confesos han manifestado.  Pero ni siquiera esta pasional excusa está presente para quien se dopa para una marcha turística, pues el ciclismo no es su actividad económica principal sino más bien es un pasatiempo al que le invierten mucho dinero y mucho tiempo. ¿Por qué lo hacen?

En el documental ÍCARO, su realizador Bryan Fogel se plantea responder antes otras dos preguntas: ¿Es posible hacerlo? ¿Es posible que un ciudadano común pueda acceder a un sistema de dopaje tan sofisticado como el de grandes campeones confesos y así mejorar su desempeño en Grandes Fondos?  y ¿Es posible salir limpio en todos los controles antidoping que le realicen? La respuesta la va a buscar y experimentar en primera persona: Va a probar esa terapia de dopaje experimentando en su propia carne, de manera similar al tipo que decidió comer en McDonalds durante un mes para comprobar si su salud se deterioraba.

Fogel comienza la tarea de buscar información y al final logra encontrarse con  Grigory Rodchenkov, coprotagonista a lo largo del documental, director del laboratorio Anti-Dopaje de Moscú, en Rusia y quien le propone un juicioso plan, tanto de toma de las sustancias como de preparación de muestras de orina para burlar los controles cuando hubiera necesidad.  Todo está muy controlado, ningún detalle se deja al azar.  No falta la referencia a Armstrong, quien jamás dio positivo en un control a pesar de su continuado esquema de dopaje.

Rodchenkov (Izquierda) y Vogel (Derecha) junto a nueve muestras de orina congelada para posteriores análisis

En este punto, el televidente está expectante por conocer el resultado de todo el plan, pero tiene muy claro que las hipótesis que podrían derivarse no serían más que especulaciones (Que todos se dopan -hasta los cicloturistas-, que es posible burlar cualquier control a cualquier nivel, que la ausencia de positivos no garantiza que un corredor vaya limpio, etc).  Este sreía el caso particular a partir del cual no es posible hacer la generalización.  Sin embargo, el documental da un giro abrupto y es entonces cuando se pone realmente interesante: Salen a la luz unos documentos que sugieren que hubo un trabajo organizado de dopaje masivo para atletas rusos en el ciclo olímpico y sugiere la responsabilidad directa del laboratorio anti-dopaje ruso del cual Rodchenkov es director,y el aval directo del Kremlin, en cabeza de Vladimir Putin, quien no tarda en involucrarse para desestimar las acusaciones y para responder a la medida del COI de expulsar a muchos atletas rusos de los juegos olímpicos de Río 2016.

(Leer El GatoPardismo ciclístico: Cambiar para que nada cambie (acerca del doping))

Rodchenkov se siente en medio de fuego cruzado de declaraciones y acusaciones. Con ayuda de Vogel viaja a Estados Unidos, en donde revela al New York Times toda la historia del que resulta ser el mayor escándalo deportivo de los últimos años.  La agencia mundial antidopaje encargó la investigación de estas denuncias, cuyos resultados fueron publicados en el Informe McLaren, confirmando todo lo dicho por Rodchenkov.


 

¿Y la conclusión?

La misma de siempre desde que nos aventuramos a hablar del escabroso tema dejando de un lado el júbilo y el papel picado de las celebraciones:  Los enemigos del deporte están dentro del mismo deporte.  Lo peor de ello es que el entramado está montado para que no lo sepamos, no lo queramos saber o para que no nos importe cuando nos demos cuenta.