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Respuesta a la columna de Rafael Mendoza

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Por @PauloForastero

El sábado pasado, tras la etapa 20 del Giro de Italia,  el diario El Espectador publicó esta columna de Rafael Mendoza que ha causado indignación y rechazo entre la afición ciclística.  Ya desde su epígrafe “Rigoberto Urán le dio el golpe definitivo a la ilusión colombiana” sabíamos que se trataba de un análisis desenfocado y desafortunado. 

El autor falla en tres elementos clave que debe tener todo aquel que escriba sobre ciclismo: Conocer este deporte, ser objetivo y saber hacer una buena lectura de carrera.  Es muy difícil entender cómo se puede llegar a esas conclusiones, mucho menos con ese tono y menos aún en un medio masivo.

“[Rigoberto] En vez de darle una mano [a Esteban], como todos lo esperábamos le propinó el último golpe que lo acabó moralmente”

Partamos de un hecho básico: Ellos son dos rivales con objetivos diferentes y ese debe ser su primer rol, aunque sabemos que en el ciclismo se dan circunstancias en las que los rivales se vuelven necesarios para tener éxito propio: Pueden convertirse  en aliados en la escapada del día, dos equipos se ponen de acuerdo para perseguir a los fugados, un favorito al título puede acordar con un rival “para ti la etapa, para mí la general”, etc.  Sin embargo, estas alianzas suelen durar solo pocos minutos y lo más sano es que terminen pronto, de lo contrario entramos en la tierra de nadie entre lo que es juego limpio y lo que no.

En la etapa del sábado, Rigoberto pudo ser un valioso aliado para Esteban marcando ritmo en subida sin comprometer sus responsabilidades como líder del Cannondale. Esteban no pudo aguantar, fin natural de la alianza, nada de traición.  Rigoberto sí le dio una mano, pero solo podía darle esa mano.  El propio Esteban agradeció este gesto en las declaraciones al final de la etapa.

“Acaso no recordó que dos años atrás Nairo (…) le salvó el subtítulo en la etapa final al llevarlo con sabiduría, pegado a su rueda”

Aquí hay una lectura equivocada de la etapa 20 del Giro 2014. En Monte Zoncolán vimos a Rigo atacando como haría cualquier aspirante al título y a Nairo responder a ese ataque para proteger su liderato como hubiera hecho cualquier otro líder, muy fiel a su estilo de no derrochar energía si no es necesario.  Se dio la feliz coincidencia de verlos subir juntos y eso fue bueno para alimentar el orgullo patrio y darle visibilidad al ciclismo en la prensa masiva nacional, pero fue un ataque-respuesta de dos líderes de equipos rivales, no un “llevar con sabiduría”.

“[Rigoberto] Nunca pudo ni podrá ganar el giro porque su mejor época ya pasó. (…) Con un accionar como el de ayer (…) quizás le puso fin a su carrera de segundón.”

Esta es quizá la sentencia que más indignación ha generado entre la afición, pues se ha transgredido un límite.  Es posible estar en desacuerdo con el desempeño de un deportista, sus decisiones en competencia, sus resultados o su preparación (el debate es sano y enriquecedor), pero las gratuitas acusaciones de traición y los términos irrespetuosos sobran, pues parten de una equivocada lectura de carrera y  trata de sostener una hipótesis tan traída de los cabellos.

Rigo no ha podido ganar el Giro, y las probabilidades de ganarlo en el futuro es tema de debate entre la afición (por ejemplo en nuestro foro), los medios especializados y los no tanto.  Hay numerosas opiniones a favor y en contra, y siempre abogamos por que se digan sin irrespetar al ser humano que hay detrás del deportista.  Si las opiniones vienen de medios de comunicación, queremos además objetividad y conocimiento.

Invito al señor Mendoza a leer este texto de la campaña “Celebrate Humanity” de los Juegos olímpicos, que nos enseñan que la mejor manera de honrar al rival (aquel que nos hace crecer como deportistas) es tratar de vencerlo.

Tú eres mi rival pero no mi enemigo,
Porque tu resistencia me da fuerza,
Tu voluntad me da coraje,
Tu espíritu me ennoblece.
Y a pesar de que quiero vencerte,
Si lo logro, no te humillaré,
En lugar de eso te honraré,
Porque sin ti soy menos humano.