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Mi respuesta al Editorial de El Espectador

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Por @PauloForastero

(Leer en el Espectador “Nairo y una Colombia inmadura” ) 

(Escribiré en cursiva citas textuales de esta editorial)

Escribo esta editorial, en primer lugar, porque el autor invita a hacerlo.  Hay que celebrar que medios tan grandes le abran espacios de tanta visibilidad a nuestro deporte, hasta hace no mucho totalmente marginado en esos mismos medios. En segundo lugar, porque estoy en desacuerdo con buena parte de lo que allí se dice.

Quiero comenzar resaltando la que me parece la principal falla del autor:  Dividir a la afición en dos grupos, en dos bandos opuestos y rivales, con todo lo improcedente que eso es y con todo lo malo que eso trae: Tenemos de un lado a Nosotros, los buenos, los que glorificamos la disciplina diaria y el aprendizaje, los que andamos con el pecho lleno de orgullo y patriotismo.  De otro lado, ustedes, los malos: los apátridas del país facilista enamorados de glorias inmediatas, los incapaces de valorar procesos largos y difíciles, los que quemaban a Nairo en la hoguera de la opinión.  Suena complejo, pero a la hora de la verdad el criterio para clasificar es bastante simple: El autor divide al mundo entre aquellos que critican a Nairo y aquellos que no.

Este es un ejemplo de “Falso Dilema”, porque nos quieren mostrar esas dos opciones como las únicas existentes, desechando la posibilidad de posturas intermedias o adicionales, correlacionando dos variables que son totalmente independientes.

Porque es posible tener una postura crítica (esperar más combatividad, en este caso) y a la vez ser un colombiano “de los buenos”, así como también es posible (y es muy frecuente) ser del país facilista, enamorado de glorias inmediatas, y también volcarse en halagos a un deportista sin evaluar su desempeño contra sus objetivos. Allí están todos esos que se suben al bus de la victoria para comprobarlo.

(Leer “¿Un mal resultado para Nairo?“)

Yo quiero proponer un análisis desapasionado de este Tour, sin el poderoso sesgo de tener el corazón lleno de patriotismo.  Cuando se leen portales internacionales, en donde escribe gente que ha visto muchísimo más ciclismo que todos nosotros juntos y a quienes no les importa de qué nacionalidad es un corredor a la hora de evaluar un resultado, el consenso general es que este Tour estuvo muy malo desde el punto de vista del espectáculo, muy poco combativo, aburrido, con un líder que tuvo su victoria inusualmente fácil y con retadores que estuvieron poco decididos a atacar.  El propio Froome declaró encontrarse sorprendido: “Me hubiera gustado una verdadera batalla por el maillot”, “Parece que todos están conformes con su posición en la clasificación general”.  Su gregario Nieve dijo “Ha sido más fácil de lo previsto, pues los rivales no se han movido”.

Chris Froome señalo la falta de combatividad de sus rivales

Chris Froome señaló la falta de combatividad de sus rivales

Quiero remarcar esto: Estas fueron opiniones de prensa internacional y de corredores.  Así que no todos los que criticaban la falta de ataques de Nairo pertenecen a este país facilista enamorado de glorias inmediatas, pues muchos ni siquiera eran colombianos y opinaban sobre el desempeño de un aspirante al título, fuera colombiano o no. 

Estos periodistas fueron los mismos que en el pasado Giro resaltaron a Chaves por atacar al líder, lejos de meta, a pesar de ir segundo en la general, felices con esa inconformidad que al final lo llevó a portar la maglia rosa y a brindar un buen espectáculo, y no lo elogiaron por ser colombiano, sino por ser valiente y combativo.  Para este tour esperaban una actitud similar de los aspirantes al título y al podio, Nairo entre ellos.

Más allá de que los análisis objetivos y neutrales contradigan a las apasionadas conclusiones que se multiplican en nuestro país, el punto clave para mí es ver cuál ha sido la actitud de la mayoría de lectores frente a uno y otro tipo de contenidos.  Porque tan desenfocados estaban los que crucificaban al héroe ciclista sin conocer los pormenores ni los atenuantes de la carrera, la competición y la preparación (que los hubo), como los que se mostraron en extremo indulgentes, negando a los gritos que Nairo hubiera tenido un mal día incluso cuando él mismo lo había admitido, y crucificando al héroe que se atreviera a hacer una crítica desapasionada y sin elogios.

Porque muchos se tomaron las opiniones sobre el tour como algo personal, que en una crítica al espectáculo o al deportista vieron una crítica a la persona o al país, y en el balance a la actuación de un deportista con un mal día vieron traición a la patria, y en esperar que el mejor escalador del mundo atacara en la montaña vieron un ejemplo de la lógica del dinero y el éxito fácil, del atajo, que tanto daño le ha hecho al país.  Otra consecuencia peligrosa de este falso dilema, fácilmente evitable desde tribunas como la editorial de un periódico de circulación nacional.

Con el último párrafo de la editorial estoy totalmente de acuerdo, pero yo quiero ir más allá:  Soñaré con una Colombia que quiera aprender e informarse con objetividad antes de dar su opinión, que sea capaz de respetar un desacuerdo e ignorar opiniones fundamentadas en la nada y en quién es capaz de gritar más fuerte, una Colombia que sea capaz de hacer buena crítica y de aceptar críticas, que entienda por qué es esperar de Nairo más combatividad es un halago, no un ataque.