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¿Un mal resultado para Nairo?

Second-placed Romain Bardet (L), Tour de France 2016's winner Great Britain's Christopher Froome (C) and third-placed Colombia's Nairo Quintana celebrate on the podium on the Champs-Elysees avenue in Paris, at the end of the 113 km twenty-first and last stage of the 103rd edition of the Tour de France cycling race on July 24, 2016 between Chantilly and Champs-Elysees.
 / AFP / KENZO TRIBOUILLARD        (Photo credit should read KENZO TRIBOUILLARD/AFP/Getty Images)

Por @PauloForastero

Inicialmente, al ver la imagen final del Podio, se puede concluir que no:  Un lugar en el podio es un resultado que muchos corredores firmarían de antemano.  De hecho, excede por mucho a las aspiraciones de la mayoría de equipos y corredores.  Pero yo voy a hacer un par de análisis desde otra perspectiva.

Dijo Carlomagno: “He aprendido más de mi única derrota que de todas mis victorias”.  Esta afirmación, nacida en un contexto militar, aplica perfectamente en el contexto deportivo.   La derrota es tremendamente útil si se logra enfocar correctamente para reconocer los puntos débiles que hay que fortalecer, los puntos fuertes que deben mantenerse y los errores que deben corregirse.  Naturalmente, para corregir y mejorar primero hay que admitir y reconocer los malos resultados. 

En la mayoría de los deportes, no hay ninguna duda sobre quién venció y quién perdió, pero en las carreras por etapas de ciclismo la frontera no está tan bien definida, especialmente por la enorme disparidad de objetivos que tienen los diferentes equipos, lo que permite que sean varios (y no solo uno) los que los cumplan a satisfacción. Los objetivos para cada corredor, además, no son siempre los mismos, pues están condicionados por el recorrido de la prueba, por su lugar en el calendario ciclístico e incluso por quienes son los compañeros y los rivales.

Recibimos muchas críticas (e insultos) cuando dijimos en la segunda semana que Nairo estaba haciendo un mal Tour.  ¿Por qué nos referíamos así a esos resultados parciales?  Porque los contrastábamos con el objetivo inicial del equipo, que este año era muy claro:  Ganar el Tour con Nairo.  No fue una exigencia de la afición ni de la prensa, fue un objetivo planteado por el propio equipo y el propio corredor, para cumplirlo prepararon su calendario, su entrenamiento y el de sus gregarios.   

(Leer “¿Cuándo es válido celebrar un segundo puesto?)

Con el objetivo inicial fuera del alcance, el equipo se lo replanteó y trató de recuperar el podio, lo que al final logró. Pero en la segunda semana, sugerir esto mismo generó una tormenta de comentarios indignados e hirientes a quienes señalábamos que el objetivo se alejaba tanto por los resultados parciales como por las decisiones en carretera.  Muchos hinchas llegaron al extremo de creer que estas opiniones eran un irrespeto a Nairo como ser humano, a Boyacá o al país.

Lo curioso es que este mal rendimiento lo admitió el mismo Nairo varias veces: “Pienso que fue un día malo, esperaba hacerlo mejor” dijo tras la CRI de Megève. ¿Por qué la afición atacaba a quien señalaba eso mismo? ¿Por qué esas respuestas airadas insultando a los pocos que se atreven?  La oración  “Nairo lleva un mal tour” no significa lo mismo que “Nairo lleva un mal año” ni “Nairo es mal ciclista”, mucho menos “Retiro a Nairo mi apoyo como seguidor y admirador”, ¿Por qué había tanta gente obstinada en confundir estas cuatro ideas como si fueran sinónimas si resulta que tres de ellas son falsas?

Pero una de ellas era cierta:  Nairo estaba haciendo un mal tour, muy inferior a sus expectativas y capacidades. Ése era el consenso de la prensa internacional experta en ciclismo, para la que poco importa la nacionalidad de un corredor a la hora de evaluar sus prestaciones. También lo dijeron sus rivales, las declaraciones están al alcance de un clic. Replanteó su objetivo, lo logró y conocimos el atenuante de sus malestares y merece nuestra admiración por ello, pero antes de eso era válida esa evaluación a la baja.

Durante estas tres semanas, opinar sobre el tour ha sido exponerse a una avalancha de mensajes incendiarios y agresivos si la opinión no viene cargada de elogios.  Escribir ha sido como andar de puntillas con la necesidad de hacer ruido, y ese ruido es brindarle a nuestros lectores un análisis honesto y desapasionado, apoyando a los corredores y deseándoles el éxito, pero sin dejar de señalar (si procedía) un mal resultado o una mala decisión.  Estas malinterpretaciones son efecto colateral de ese ciclismo coyuntural que quisiéramos que evolucionara para crear una audiencia conocedora, que acepte la crítica, que además de los contenidos apasionados quiera leer análisis con cabeza fría, que sepa que esperar grandes resultados a Nairo y señalar su tour como un mal resultado es la manera más honesta de halagarlo.

Nairo es un campeón que no se estuvo en su mejor forma, y él mismo lo reconoció.  Tiene un gran palmarés y una trayectoria consistente, y precisamente por ello es que puede plantearse el Tour como objetivo.  Pero esta trayectoria y este palmarés, que sirven para demostrar que es uno de los mejores vueltómanos del mundo en la actualidad, no sirve para demostrar que hizo el mejor tour posible.  Es bueno apoyar a nuestros ciclistas, en las buenas y en las malas, pero ser en extremo indulgentes y decir que no importa si no se cumplieron sus objetivos (cualquiera que sean), es justamente negarles su grandeza de campeones.