Blog de ciclismo colombiano | La Ruta del Escarabajo
Síganos en redes sociales

Una oportunidad perdida

pra-loup
(Por Asier Bilbao y Gustavo Duncan)
Tras  el cese del ruido mediático por el 2º puesto logrado por Nairo Quintana en el Tour de Francia vamos a realizar un análisis objetivo de la actuación del boyacense y su equipo en la carrera francesa. Análisis que los medios generalistas, los mediocres periodistas deportivos, y más específicamente los ciclísticos, de este país son incapaces de realizar; tratando de convencernos en todo momento que fue un gran éxito lograr ese 2º puesto y ganar las clasificaciones secundarias de los jóvenes y por equipos. Omitiendo al público que el Movistar renunció a mitad de carrera a tratar de conseguir el premio mayor para no perjudicar las posibilidades de pódium de Alejandro Valverde.
Primero que todo resaltar que finalizar 2º en el Tour es un gran logro deportivo. Pero de ahí a tratar como campeón a Nairo Quintana hay un paso muy grande. Campeón solo es el que queda de primero. Hay una diferencia abismal entre quedar 1º en el Tour de Francia y alcanzar La Gloria deportiva o quedar un peldaño debajo en el pódium. Excepto los fanáticos del ciclismo, ¿quién recuerda los nombres de los ciclistas que quedaron segundos en los Tours de hace 15, 10 o 5 años?
La archi-repetida frase de que a Nairo ya le llegará su hora de ganar el Tour de Francia es ilusoria. Ganar un Tour no es como hacer fila para que lo atiendan en una ventanilla, y cuando le toca el turno a uno… va y gana. Ganar un Tour es extremadamente difícil. Solo Los Elegidos y alguno que otro con mucha fortuna lo consiguen. Y entre esos elegidos hay muy pocos ciclistas de las características específicas de escalador puro como las de Nairo que lo han logrado. Los grandes escaladores de la historia que lo consiguieron se pueden contar con los dedos de una mano: Federico Martín Bahamontes, Charly Gaul, Lucien Van Impe, Pedro Delgado y Marco Pantani. No hay más. Los casos recientes de buenos pero no excepcionales escaladores como Carlos Sastre y Andy Schleck serían la excepción que confirma la regla. Y todos estos escaladores solo pudieron ganar un Tour cada uno.
No sabemos cómo serán los Tours del futuro. Pero sí sabemos que los papayazos, las oportunidades, hay que aprovecharlas cuando llegan; pues nadie sabe si volverán a presentarse. Que se lo pregunten sino a corredores como Jean Françoise Bernard, Erik Breukink, Gianni Bugno, Tony Rominger, Alex Zülle o Ivan Basso; todos ellos destinados (en teoría) a ganar algún día el Tour. Otros grandes ciclistas como Stephen Roche, Jan Ullrich, Cadel Evans o Vincenzo Nibali supieron aprovechar la única oportunidad que se les presentó.
En este sentido creemos que Nairo perdió una espléndida oportunidad, quizás única, de ganar un Tour de Francia diseñado a su medida.Nunca se sabe que le deparará en el futuro La Diosa Fortuna en forma de recorridos propicios a sus características, estados de forma propios y de rivales, aparición de nuevos rivales, caídas, lesiones, suerte, etc.
La zona de seguridad de Nairo
En sus inicios en el profesionalismo Nairo se destacaba por ser un escalador que atacaba sin miedos. Lo vimos en el pasado realizar varios ataques lejanos, sin esperar a la subida final. Por ejemplo el etapón de la Route du Sud 2012, con los cols del  Tourmalet, Soulor y Spandelles en el menú; y en 2013 en el col de Pailheres, en su primera etapa de montaña del Tour. Y fue en ese Tour 2013 cuando al parecer fue “domesticado” por los directores del Movistar. Tras los “fracasos” de Ax-3-Domaines y Mont Ventoux y los “éxitos” de Alpe d’Huez y Semnoz “aprendió la lección” de “guardar y esperar” típica del ciclismo-control y ahora es como todos los demás escaladores modernos: espera a los últimos kilómetros del final en alto para atacar.
Por lo que hemos podido ver Nairo parece tener una especie de “zona de seguridad” en ascenso, un límite de distancia de unos 5-6 kilómetros (unos 15 minutos), donde su organismo puede ir a tope y darlo todo sin miedo a excederse y perder tiempo respecto a sus rivales. Y en sus últimas actuaciones en montaña parece atenerse a ese límite de distancia para desplegar sus ataques. Lo hemos visto este año en el Tour y en la Tirreno-Adriático en el Monte Terminillo.
El Sky: con la ideas claras desde el principio

Geraint Thomas trabajando para su líder en Plateau de Beille

A parte de esto, desde las primeras etapas pusieron en marcha una novedosa y exitosa táctica que consistía en relevar los gregarios que debían forzar en distintas fases de la carrera y los que debían guardar fuerzas de cara a los momentos clave donde debían estar al lado de su líder. Así, pudimos ver como en las cuatro etapas de los Alpes los escaladores Porte, Thomas, Poels y Roche se iban turnando entre ellos para proteger a Froome. Un día estaban delante unos y se lo tomaban con calma otros. Y al día siguiente intercambiaban sus papeles de gregarios de lujo. Una táctica arriesgada la de defenderse unos días con torres y otros con alfiles; pero que dio sus frutos con la inestimable colaboración del Movistar y sus tácticas conservadoras.
El Movistar: cambio de planes a mitad de carrera
No es cierta la afirmación de que Nairo perdió el Tour en la 2ª etapa de Zélande. Lo perdió también en el tiempo perdido (y no previsto) en el Mur de Huy y La Pierre Saint-Martin. Y sobre todo, perdió el Tour porque hasta la última etapa de los Alpes ni él ni su equipo se plantearon seriamente arriesgarse para ganar la carrera.
El team de Nairo se caracteriza por ser un equipo conservador en sus estrategias de carrera, y que pocas veces toma riesgos. Esto ya lo pudimos comprobar en el Tour 2013, en dos etapas como la pirenaica de Bagneres de Bigorre, donde el líder Froome no pasó ningún apuro a pesar de encontrarse completamente solo y sin equipo los últimos 100 kilómetros de la etapa; y la alpina de Le Grand Bornand. A pesar de las debilidades mostradas por Froome y el Sky, en el Movistar dejaron pasar los kilómetros y nunca lo atacaron.
Este año salieron desde Utrecht con la intención declarada en público de tratar de ganar el Tour; con Nairo como único jefe de filas y Valverde como su principal apoyo. Pero la realidad es que Valverde nunca trabajó para Nairo hasta que vio asegurado su 3er puesto en la clasificación general, ya en la última etapa de montaña.
La 1ª semana, sobre el papel la más complicada para Nairo, solo tuvo el inconveniente de la pérdida de minuto y medio respecto a varios rivales directos en la 2ª etapa. Pero salvó con sobresaliente las complicadas etapas del pavé y la CRE. A la primera jornada de descanso llegó con una desventaja de prácticamente 2 minutos con el líder Froome. Tiempo que en los cálculos de su equipo seguro contaban que podría perder hasta la llegada de la montaña.

Froome sentenció el Tour en La Pierre de Saint-Martin

El Movistar nunca planteó una estrategia de acoso y aislamiento del líder. Se limitaron a esperar un desfallecimiento o un error de Froome, controlar a los rivales de Valverde para el pódium (haciendo muchas veces la labor que debía realizar el Sky) y meter unidades en las escapadas de cara a la clasificación por equipos.
Los Alpes desaprovechados
A pesar de los repetidos ataques de Nairo en las siguientes jornadas de montaña, en Plateau de Beille, Mende, Allos y Pra-Loup nunca pudo despegar de su rueda trasera a un Froome que en todo momento se mostró inabordable. Esto parece que minó la moral de Nairo. Desistió, aceptando su derrota y conformándose con el 2º puesto y tratar de ganar alguna etapa alpina.
Pero llegando a la meta de Pra-Loup pudimos ver un detalle significativo: a Froome tratando de dejar atrás a Nairo sin conseguirlo. Y en la siguiente etapa lo vimos chiringuear ligeramente en los Lacets de Montvernier. ¿Señal de que al británico se le estaba agotando “la gasolina”? No lo sabemos. Pero sí sabemos que el día siguiente era la última oportunidad real para comprobarlo, ponerlo a prueba e ir a por todas para ganar el Tour.
La etapa 19 era la única propicia para organizar una estrategia de ataque desde lejos a meta y recortar el tiempo que Nairo perdía en la clasificación general. Los tres últimos altos estaban perfectamente encadenados, sin un metro llano entre ellos, lo que dificultaba el trabajo de los equipos para reagruparse y controlar las fugas. Además se pasaba el alto más duro de todo el recorrido de este año y uno de los más exigentes de todos los Alpes franceses, la Croix de Fer por su vertiente del Glandon.
En el momento clave del día, cuando Nibali atacó a poco de coronar el Glandon, Nairo debió salir de inmediato a la rueda del italiano. Sin miedo a que lo acusaran de falta de fair-play(*) por atacar aprovechando la falla mecánica en la bici de Froome. Le faltó tomar en esos segundos decisivos, en ese mismo instante, la decisión que quizás podría haber cambiando su vida, de salirse de su zona de seguridad de los ataques a 5-6 kilómetros de meta y arriesgarlo todo en busca de la gloria. En aquel momento a Froome solo le quedaba al lado un Wout Poels que ya había dado muestras de debilidad manifiesta y en poco podía ayudar a su líder. Además es difícil encontrar un colaborador mejor que Nibali en una escapada, pues el italiano no es de los corredores que se esconde a la hora de dar relevos. Pero Nairo, o sus directores, prefirieron dejar pasar aquella oportunidad, en espera de la subida final.
Así llegamos al ascenso a La Toussuire, donde hasta los comentaristas de Señal Colombia se impacientaban, ansiando durante kilómetros el ataque de Nairo. Hasta que llegó el momento esperado, donde pudo despegar por fin a Froome con su ataque duro y constante a falta de 6 kilómetros. Pero no se puede afirmar que Nairo trató de ganar el Tour con ese ataque tan cerca de meta, cuando restaba la zona más suave del ascenso y todavía llevaba más de 3 minutos de desventaja en la general. Creemos que con ese ataque trato de ganar la etapa, no más. Pero se llevaron la sorpresa de dejar atrás al maillot amarillo, que hasta aquel instante se había mostrado sin fisuras.

El ataque de Nairo en la Croix de Fer. Sky controla en la distancia

El tardío ataque a dúo no fructificó y fue neutralizado por el líder en persona. Al Movistar solo le quedaba tratar de ganar la etapa y la montaña con Nairo y esperar un desfallecimiento de Froome. Pero ni esto hicieron bien, pues no trabajaron para reducir las distancias con la escapada donde iba Thibaut Pinot. Y a pesar de que Nairo realizó una gran ascensión, con un destacable trabajo por parte de Winner Anacona incluido, no pudo por muy poco alcanzar a Pinot; y el buen escalador francés logró en la cima mítica un merecido premio a su esfuerzo. Y el Sky arropó casi a la perfección a un Froome que entregó las últimas fuerzas que le quedaban; regulando su ventaja sin despegar en ningún momento la mirada de su SRM.
Lecciones positivas con vista a futuro

Lo mejor del recién finalizado Tour son las lecciones ciclísticas que haya podido extraer Nairo. De sus directores no esperamos nada diferente a lo planteado hasta ahora. Pero esperamos que Nairo haya aprendido de sus errores, que se dé cuenta que a veces hay que atreverse a arriesgar para ganar, olvidarse de sus 5-6 kilómetros buenos y salirse del guión establecido por sus directores, leer las carreras, anticiparse a los acontecimientos, tomar decisiones en plena carrera, dar órdenes como un verdadero jefe de filas y no esperar a recibirlas a través del pinganillo. En la etapa del Alpe d’Huez por lo menos pudo llegar a la conclusión de que le va mejor si ataca saliendose de “su zona de seguridad”. E insistiendo una y otra vez en sus arrancadas si lo alcanzan al primer o segundo intento.

Una carrera complicada como el Tour se gana corriendo con valentía. Pero también se gana actuando con inteligencia. Nairo debería aprender a colaborar con sus rivales cuando se presente una situación de carrera donde repartiendo esfuerzos puede sacar mayor beneficio. Y no tratar siempre de irse en solitario. Esto se lo hemos visto hacer varias veces. Como cuando se negó a colaborar con Froome en el Mont Ventoux 2013, con Contador en el passo Lanciano 2014 y en el col de Bales 2015. Y en el Tour 2015 siempre trató de irse solo (excepto en Mende, donde corrió para sacar a Vangarderen del 2º puesto). En el resto de ataques, cuando lo alcanzaba algún rival desistía de inmediato.

Ya no le sirve de nada volver a quedar 2º en una Gran Vuelta. Solo le vale ganar. Sobre todo si no quiere pasar a ser considerado un segundón. Y deberá siempre darlo todo por lograr vencer. Sin guardarse nada ni esperar al error de sus rivales. En este sentido tiene una gran oportunidad de reivindicarse en la Vuelta a España que comienza en pocos días. Y que mejor escenario para dar un sonoro golpe sobre la mesa y reclamar definitivamente su jerarquía en el equipo que el etapón de Andorra; la fracción de alta montaña más dura de la historia de la Vuelta (junto a la de Luz Ardiden 1992) y sobre el papel la más exigente que veremos este año en las 3 Grandes Vueltas.
———————-
 (*) El fair-play es ese invento anglosajón que estos reclaman cumplir a sus rivales; pero que se olvidan de él cuando les conviene. ¿O ustedes vieron al Sky esperar a Nairo cuando este se cortó por culpa de una caída múltiple en mitad del lote en la 2ª etapa de Zélande? ¿O les pareció bonito el “gesto deportivo” de Froome de embalar a muerte en la meta de Mende para sacar un miserable segundo de ventaja sobre Nairo, tras chuparle rueda y no darle ni un solo relevo en los últimos 3 kilómetros?